¿Se puede producir electricidad simplemente poniendo en contacto agua dulce y agua salada? Aunque pueda parecer extraño, existe un movimiento natural generado a partir de la diferencia de concentración de sal entre ambas que puede aprovecharse para producir electricidad. Es lo que se conoce como energía osmótica, azul o de gradiente salino.
Para entender cómo funciona, hay que empezar por la ósmosis: es el movimiento natural del agua a través de un filtro -una membrana semipermeable- que va desde el lado menos concentrado (más diluido) hacia el lado con mayor concentración (con más sal o azúcar), con el objetivo de equilibrar ambos.
En el caso de la energía osmótica, cuando ambas corrientes entran en contacto, el agua dulce tiende a desplazarse hacia la salada, lo que provoca que aumente la presión. Esa presión puede emplearse para mover una turbina y convertir el movimiento en electricidad, de manera similar a lo que ocurre en una instalación hidroeléctrica.
De este modo, existen dos tecnologías principales para aprovechar este fenómeno: la ósmosis por presión retardada (PRO) y la electrodiálisis inversa (RED). En el primer sistema, el agua dulce atraviesa una membrana hacia la corriente de agua salada y el aumento de presión se utiliza para mover una turbina. En el segundo, utiliza membranas que permiten el paso selectivo de determinados iones. Al alternar corrientes de agua dulce y salada, el movimiento de estos iones genera una corriente eléctrica. Emplear una u otra es una decisión técnica que depende de la salinidad del agua y de su pureza.
De los estuarios a las desalinizadoras
Una de las características que diferencian a la energía osmótica de otras fuentes renovables es que no depende directamente de que haya sol o viento. Mientras exista una diferencia de salinidad que pueda aprovecharse, el proceso puede mantenerse. Esto permite que la generación de electricidad no esté condicionada por las variaciones meteorológicas que pueden afectar a tecnologías como la solar o la eólica. Esta continuidad es uno de los motivos por los que se estudia su posible papel como complemento de otras energías renovables.
Los lugares en los que se dan unas condiciones especialmente interesantes para aprovechar esta fuente de energía son, por ejemplo, los estuarios y las desembocaduras de los ríos. Pero no es la única posibilidad; también se investiga el aprovechamiento de corrientes con diferentes concentraciones de sal, como las que pueden encontrarse en determinados procesos industriales o en instalaciones de desalinización.
¿Dónde se está desarrollando?
En los últimos años se han puesto en marcha distintos proyectos para comprobar cómo responde esta tecnología en condiciones reales. Entre ellos se encuentra una planta inaugurada en 2025 en Fukuoka (Japón), así como instalaciones de demostración en Dinamarca y Francia. En Dinamarca, una planta de 100 kW comenzó a operar en 2023, mientras que en Francia se ha desarrollado una planta piloto en el delta del Ródano.
También en España existen proyectos piloto en energía osmótica, si bien, históricamente el eje de investigación en renovables marinas se ha centrado en la eólica offshore y undimotriz. En este contexto, la ventaja estratégica de nuestro país reside en su liderazgo mundial en desalación de agua. Alicante acoge, en la actualidad, el más importante en este campo -que ejecuta Sacyr- con el objetivo de recuperar un 20% de la energía que emplea la planta desaladora. Otro ejemplo de cómo avanzan las investigaciones piloto lo encontramos en las salmueras del río Llobregat, a partir del agua de salida de las estaciones depuradoras (Edar). El contraste abrupto entre la salmuera industrial (muchísima sal) y el agua dulce depurada tiene la capacidad de generar energía renovable por la enorme diferencia de concentración o gradiente salino.
Por sus características, la osmótica formaría parte de las cinco formas principales de energía renovable oceánica, junto con la energía de las olas, las mareas, las diferencias de temperatura entre aguas y las corrientes marinas. Se trata, en definitiva, de una fuente renovable todavía en una fase muy incipiente, pero con potencial para complementar a otras tecnologías sostenibles, capaz de transformar las desembocaduras de los ríos en silenciosas minicentrales de electricidad renovable y constante.