Según los datos del Global Wind Energy Council (GWEC), la capacidad acumulada de energía eólica mundial alcanzó los 1.299 GW al cierre de 2025. El mercado global experimentó una aceleración histórica durante ese último año impulsada principalmente por China, Estados Unidos, India, Alemania, Brasil y España, seis potencias que concentran cerca del 75% de todas las instalaciones eólicas operativas del planeta.
No obstante, la generación energética para el consumo doméstico ya no se limita a las placas solares en el tejado o pequeñas instalaciones fotovoltaicas en los jardines. El viento, un recurso renovable y gratuito que circula por nuestras avenidas y pueblos a diario con intensidades variables, puede convertirse en corriente eléctrica. Es lo que se denomina microgeneración eólica; una tendencia en la que España también busca despuntar sobre el marco regulatorio diseñado desde el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
¿Qué son las centrales minieólicas?
Son instalaciones eléctricas que utilizan aerogeneradores de tamaño reducido y baja potencia. Por ley, para llamarse minieólica, su potencia debe ser menor a 100 kilovatios (kW), aunque los modelos para casas más comunes suelen tener entre 1 y 5 kW.
A diferencia de los aerogeneradores de los parques eólicos, estos equipos son ligeros, compactos y miden de uno a cinco metros, lo que permite ubicarlos de forma segura en el tejado de una vivienda unifamiliar, de una comunidad de vecinos o en el tejado de una nave industrial. Los equipos más habituales tienen entre 1,5 kW y 3 kW y son una solución óptima para lugares y espacios alejados de la red de corriente eléctrica.
Estos pequeños molinos producen electricidad de kilómetro cero, sin coste para el consumidor, lo que favorece su autonomía energética. Una de sus ventajas es que se complementan a la perfección con las placas solares. Si la energía solar alcanza sus picos máximos de producción en torno al mediodía solar, el viento suele soplar con mayor intensidad por las noches, durante los días nublados o en las tormentas. Por tanto, combinar ambas tecnologías con un autoconsumo híbrido en el mismo espacio aporta un flujo estable y continuo de energía para el uso doméstico.
¿Cómo funcionan en una casa o pyme?
La operativa es sencilla; el viento empuja las palas del aparato, estas empiezan a girar y activan un generador interno que conduce la electricidad hacia la red.
Para vencer los cambios de dirección del aire cuando choca con el entramado urbano, existen dos tipos de diseño adaptados. El primero consta de un eje horizontal que es el más común con forma de hélice o molino clásico, y el que mejor se adapta a espacios abiertos y fincas.
El segundo modelo pivota sobre un eje vertical, similar en el diseño a una batidora de cocina. Es omnidireccional y, por tanto, el que mejor se acomoda a una instalación minieólica en la ciudad porque necesita girar en busca del viento y capturar las ráfagas y remolinos que se forman en el rebote entre fachadas y edificios.
Un estudio publicado en ScienceDirect sobre las minieólicas y sus múltiples aplicaciones dentro de los desarrollos del IoT (Internet of the Things) concluyó que estas pequeñas turbinas urbanas funcionan mejor si se instalan justo en los bordes de las azoteas, ya que las fachadas de los edificios actúan como rampas que aceleran la velocidad de la brisa natural.
Turbinas silenciosas e integradas
Un ejemplo de la velocidad a la que empiezan a girar estos proyectos es el proyecto europeo SWIP, coordinado por el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (CIRCE) de la Universidad de Zaragoza. Con una inversión de casi cinco millones de euros, los investigadores lograron diseñar turbinas totalmente silenciosas y preparadas para integrarse en los tejados de las viviendas.
En el mercado español, ya existen soluciones comerciales como el dispositivo Rosbi de la empresa Roseo Eólica Urbana. Este aparato está pensado para colocarse en las cornisas de los bloques de pisos, aprovechando el aire que sube por la pared del edificio para generar luz sin transmitir ninguna vibración ni ruido a las viviendas.
En junio, el Ministerio para la Transición Ecológica del Gobierno de España, de la mano del IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía), publicó los requisitos para la creación de la etiqueta del aerogenerador de pequeña potencia para ir respondiendo a las necesidades de la demanda en este segmento que se abre entre las renovables.
En definitiva, la energía minieólica y todas las potencialidades que abre su aprovechamiento a pequeña escala como recurso energético, refuerza que el viento es un recurso renovable que gana relevancia como aliado para optimizar el consumo energético doméstico. Al instalar un pequeño aerogenerador en casa, el rol pasa de consumidor de energía a ser cogenerador de ahorro y sostenibilidad.