Un aeropuerto es mucho más que una pista de aterrizaje y una terminal. Oficinas, zonas comerciales, instalaciones técnicas, hangares y otros edificios necesitan mantener unas condiciones adecuadas de temperatura durante todo el año. A ello se suman las necesidades energéticas continúas asociadas a una actividad que reúne cada día a miles de pasajeros y trabajadores.
Por eso, además de incorporar fuentes renovables para generar electricidad, los aeropuertos también buscan soluciones que permitan cubrir sus necesidades de energía térmica, es decir, la que se utiliza para calefacción, refrigeración o agua caliente. Entre ellas se encuentra la geotermia, una tecnología que aprovecha el calor del subsuelo y que puede integrarse en los sistemas de climatización de grandes edificios.
Estos sistemas aprovechan la energía térmica almacenada en el interior de la Tierra. En sus aplicaciones para edificios, permite intercambiar calor con el terreno para proporcionar calefacción durante los meses fríos y refrigeración durante los meses cálidos.
Una de las fórmulas más utilizadas es la de las bombas de calor geotérmicas, que emplean el subsuelo como fuente o como lugar al que transferir el calor. Para ello, pueden utilizarse sistemas de circuito cerrado con sondas enterradas o soluciones que aprovechan aguas subterráneas.
Una de sus características es que la temperatura del terreno presenta una mayor estabilidad que la del aire exterior, lo que permite aprovecharlo como fuente térmica de manera continuada.
Cuando hablamos de estas aplicaciones, se suele utilizar el término geotermia de baja temperatura, frente a otros recursos geotérmicos de temperaturas más elevadas que pueden destinarse a la generación eléctrica. En el caso de los edificios, el interés está principalmente en aprovechar esa energía para calefacción y refrigeración.
Aliada para la descarbonización
Las terminales aeroportuarias cuentan con grandes superficies que deben climatizarse durante buena parte del año. Además, sus instalaciones requieren unas condiciones térmicas estables para garantizar el confort de pasajeros y trabajadores.
Estas características hacen que la geotermia juegue un papel interesante como fuente de energía térmica. En lugar de depender exclusivamente de sistemas convencionales de calefacción y refrigeración, un aeropuerto puede incorporar el subsuelo como una fuente adicional y sostenible de energía para sus instalaciones.
Esta tecnología no funciona de manera aislada, sino que puede combinarse con otras medidas destinadas a mejorar la eficiencia y reducir las emisiones con soluciones ya en activo como el SAF (Combustible de Aviación Sostenible), para impulsar la descarbonización en el sector de la aviación y el transporte aéreo. La generación de electricidad renovable mediante paneles fotovoltaicos, la mejora de la eficiencia de los edificios o la electrificación de distintos equipos forman parte de un conjunto de soluciones que contribuyen a la descarbonización de las infraestructuras aeroportuarias y permiten avanzar hacia modelos más sostenibles.
Suecia, un acuífero para la energía subterránea
Uno de los ejemplos más destacados se encuentra en el aeropuerto de Estocolmo-Arlanda, en Suecia. Desde 2009, utiliza un acuífero subterráneo como sistema de almacenamiento de energía de tal forma que el agua subterránea permite refrigerar las instalaciones durante el verano y aprovechar el calor almacenado durante el invierno. El sistema permite almacenar frío y calor equivalente a las necesidades energéticas de unas 2.000 viviendas unifamiliares.
En Estados Unidos, el aeropuerto internacional Muhammad Ali de Louisville cuenta con un sistema geotérmico formado por 648 pozos verticales de unos 152 metros de profundidad. El campo geotérmico aprovecha la temperatura natural del terreno para calentar y refrigerar la terminal. El sistema permite un ahorro anual de unos 400.000 dólares y una reducción de las emisiones asociadas a la climatización.
Otro ejemplo se encuentra en el aeropuerto de Ginebra, en Suiza. Su East Wing, destinado principalmente a vuelos de largo radio, incorpora 110 sondas geotérmicas instaladas bajo el edificio. Estas sondas, conectadas a bombas de calor, permiten proporcionar calefacción en invierno y refrigeración en verano. De esta forma el edificio combina esta solución con más de 7.000 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos y sistemas de alta eficiencia.
No existe una única forma de aprovechar la energía del subsuelo, sino que la solución puede adaptarse a las características geológicas del lugar, así como al tamaño de las instalaciones y a sus necesidades energéticas.
España también mira bajo tierra
En España, la geotermia ya forma parte de las soluciones utilizadas para mejorar la eficiencia energética de las instalaciones aeroportuarias. El aeropuerto de Reus, en Tarragona, fue el primero en introducir un sistema de climatización geotérmica que aprovecha la energía térmica del terreno para las instalaciones del servicio de extinción de incendios.
El proyecto, puesto en marcha por Aena, nació precisamente con el objetivo de estudiar el potencial de esta tecnología en la red aeroportuaria. Durante su fase de estudio se estimó que el sistema podía conseguir un ahorro energético del 50% respecto a los sistemas tradicionales de aire y agua.
Ahora, el potencial de la geotermia llega a una infraestructura de mayor escala. En junio de 2026, Aena anunció una inversión de 14 millones de euros para una nueva instalación de geotermia en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. El proyecto contempla hasta 400 pozos geotérmicos de 140 metros de profundidad conectados a bombas de calor y está diseñado para generar energía renovable destinada a la climatización.
Más allá de los proyectos concretos, la geotermia se presenta como una alternativa renovable capaz de adaptarse a las características de cada aeropuerto y a sus necesidades energéticas. Su capacidad para proporcionar calefacción y refrigeración de forma estable, junto con su potencial para reducir el consumo de sistemas convencionales, la convierte en una solución con margen para seguir ganando presencia en unas infraestructuras que buscan avanzar hacia modelos más eficientes.