La economía azul es un modelo económico sostenible que comprende todas aquellas actividades que dependen directa o indirectamente del mar, y es una aliada en el reto de lograr una huella de carbono neutra. Esta genera, según datos proporcionados por la OCDE, unos 3,5 billones de dólares y representa casi el 3% del PIB mundial. Además, todos los especialistas se inclinan por una doble vertiente; es decir, que sea un catalizador de inversión y oportunidades de negocio y empleo y, al tiempo, impulse la sostenibilidad y conservación de la biodiversidad.
Por ejemplo, en España 690.000 personas trabajan en puestos relacionados en una larga lista de actividades: desde la pesca y la acuicultura, pasando por el comercio, la extracción de minerales, las energías renovables, la industria manufacturera o el transporte... Todas, en su conjunto, con el mar como pieza clave, conforman la 'Blue Economy'.
El mar como generador de energía
El informe de la Comisión Europea sobre economía azul puso de manifiesto la importancia de este sector en la región. Ekaterina Zaharieva, comisaria europea de Startups, Research and Innovation, asegura que podríamos hablar de un crecimiento sólido, dinámico y competitivo, que aporta alrededor de 250.000 millones de euros a la economía de la UE y da empleo a casi cinco millones de personas.
"Ofrece un sinfín de oportunidades para la innovación, la diversificación económica, la creación de empleo, la competitividad, la neutralidad climática y la sostenibilidad", explica al comienzo del documento.
Una de las fortalezas de este sector, aunque quizás poco conocida, es la capacidad que tiene el medio marino para producir energía renovable, lo que favorece el proceso de descarbonización de la economía. La Unión Europea establece que, a día de hoy, tiene una capacidad en el continente de 18,9 GW distribuidos entre 11 países y que el objetivo es mucho mayor: lograr 317 GW para 2050.
Y es que el mar no solo aporta la tecnología eólica offshore, aquellos aerogeneradores instalados en el mar lejos de las costas para producir energía renovable eficiente (cuya capacidad actual a nivel mundial es de 83 GW), sino que hay varios sistemas emergentes que captan la atención de profesionales, gobiernos e inversores:
- Energía mareomotriz: usa la fuerza del ascenso y descenso de las mareas para mover turbinas que generan electricidad. Los países líderes de esta tecnología en expansión son Corea del Sur, Francia y el Reino Unido.
- Energía undimotriz: aprovecha el movimiento de las olas. Esta tecnología es más dependiente del clima y del viento, pero es muy potente. En España se instaló, en 2011, la central de Mutriku y fue la primera planta de olas en Europa en comercializar la energía que genera a través de 16 turbinas de aire comprimido.
- Corrientes marinas: convierte la energía cinética de las corrientes en electricidad gracias a unos sistemas parecidos a los eólicos pero, en este caso, situados bajo el agua.
- Gradientes de salinidad: es la más incipiente de todas y sus tecnologías aprovechan las diferencias de concentración salina entre mares y ríos para generar energía mediante los procesos de ósmosis.
- Energía maremotérmica: aprovecha la energía térmica del mar dada la diferencia de temperaturas entre la superficie y las aguas profundas, siempre y cuando el gradiente térmico sea de al menos 20º.
La fortaleza de la sostenibilidad
Sin embargo, la economía azul no solo tiene potencial a nivel de tecnología o números; entidades como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés) consideran que puede ayudar también a proporcionar beneficios esenciales para las generaciones actuales y futuras y restaurar y mantener ecosistemas diversos.
Para ello, en 2018, lanzaron una guía con recomendaciones de buenas prácticas y, en años posteriores, lanzaron programas de ayuda en países como Trinidad y Tobago o Antigua y Barbuda, ambos países en el Caribe, donde colaboran con los gobiernos locales para avanzar en la descarbonización y proteger sus ecosistemas marinos además de implicarse con las comunidades locales costeras para lograr mayor autonomía energética.
Otras iniciativas, como el Consejo Global para el Futuro de la Economía Azul Regenerativa del World Economic Forum, pretende ser un punto de encuentro de expertos del ámbito de las finanzas, de las administraciones públicas, del académico y de la sociedad civil para consolidar la sostenibilidad en el desarrollo de la economía azul.
Para ello, proponen la mejora de la integración de las políticas y los conocimientos científicos, junto con la innovación de instrumentos financieros que reduzcan el riesgo y aceleren la inversión en soluciones que integren el beneficio global, con el de las comunidades locales y, por supuesto, con el de la naturaleza.