Dormir cerca del mar, despertarse entre pinos o cenar al aire libre siguen siendo algunos de los grandes atractivos del cámping. España es un país con una notable cultura de cámping, pues cuenta con aproximadamente 1.250 operativos que ofrecen cerca de 765.000 plazas distribuidas principalmente en Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía.
Según datos del INE y la Federación Española de Campings (FEEC), en 2025 se superaron los 6,5 millones de turistas que eligieron esta opción para pasar sus vacaciones de verano. En un momento en el que el turismo busca reducir su impacto en el entorno, los campings se han convertido en un buen ejemplo para integrar soluciones de eficiencia energética aplicadas a la vida cotidiana.
Soluciones por y para la naturaleza
Un cámping funciona casi como una pequeña comunidad, pues cuenta con alojamientos, zonas comunes, restaurantes, piscinas y otros servicios que consumen recursos energéticos durante buena parte del día. Gestionar de forma eficiente ese consumo no solo permite ahorrar, sino también reducir emisiones y avanzar hacia un modelo turístico más responsable. Esto implica optimizar la eficiencia energética y la gestión del agua, reducir la generación de residuos o promover la conservación del entorno y de la biodiversidad local.
Un ejemplo destacado es el Camping Resort La Ballena Alegre, en la Costa Brava. Bajo el lema 'Ser natural también significa ser responsable', el establecimiento resume una filosofía basada en disfrutar del entorno sin renunciar a su cuidado. Según recoge en su política ambiental, el 100% de la energía eléctrica que utiliza procede de fuentes naturales y renovables, apoyada en soluciones como placas fotovoltaicas, energía geotérmica y placas solares térmicas. Estas medidas han permitido reducir sus emisiones de CO₂ en 23.000 toneladas (total), de acuerdo a los cálculos de la entidad.
Su compromiso también se extiende a la alimentación, con el uso de ingredientes de origen local que permiten garantizar la calidad, la trazabilidad y la proximidad de las materias primas. De este modo, el cámping implica tanto a proveedores como a clientes en una forma de turismo más responsable.
El sol: clave en la transformación del sector
Entre las soluciones más extendidas en el sector destaca la instalación de paneles solares para autoconsumo. En un país con tantas horas de sol como España, la energía fotovoltaica permite producir parte de la electricidad que necesitan las instalaciones y reducir la dependencia de fuentes externas.
Establecimientos como Camping & Resort Sanguí Salou ya han incorporado la energía solar a su estrategia ambiental. El complejo utiliza placas solares térmicas para generar agua caliente sanitaria y fotovoltaicas para producir electricidad. En conjunto, sus instalaciones solares ocupan 2.730 metros cuadrados en diferentes puntos del resort y permiten un ahorro anual de 60.000 kilos de CO₂. En un alojamiento turístico de gran tamaño, este tipo de medidas resulta clave para aprovechar mejor los recursos disponibles y avanzar hacia una gestión energética más eficiente.
Otro ejemplo relevante es el Camping de Olite, en Navarra. Optimiza su instalación fotovoltaica de 400 kW mediante baterías inteligentes, logrando acumular energía solar para cubrir picos de demanda y mejorar el autoconsumo. Este sistema de almacenamiento reduce la dependencia de la red convencional, disminuyendo la huella de carbono del complejo y reduciendo costes fijos.
El reto de los campings está en demostrar que comodidad y eficiencia energética pueden ir de la mano, pues cada panel solar, cada sistema de ahorro y cada gesto de sensibilización ayuda a reducir el impacto de una forma de viajar que siempre ha estado vinculada al territorio y a la naturaleza.