Lagos, lagunas y ríos son el escenario perfecto para un baño veraniego en plena naturaleza. Funcionan como auténticas piscinas naturales y son una alternativa cada vez más recurrente al turismo de sombrilla y arena. Sombra, agua fresca y naturaleza prístina forman una combinación irresistible para el disfrute estival.
El turismo fluvial y de interior promueve la reducción de grandes desplazamientos y contribuye a minimizar la huella de carbono. Además, descentraliza el turismo e impulsa la economía de las comunidades locales, fomentando la conservación de los ecosistemas y el cuidado y apego al territorio.
Estos espacios naturales, además, suelen ser el punto de partida de actividades complementarias como el senderismo, la observación de aves o la escalada. Así pues, las piscinas naturales pueden servir para practicar deportes o para pasar un día de ocio en sus aguas y en su entorno.
En España se pueden encontrar diferentes ejemplos, tanto en el interior de la península como en otros puntos junto al mar.
Ruta por algunas de las mejores ‘piscinas’ naturales de España
La geografía española cuenta con una enorme variedad de espacios acuáticos interiores y costeros rodeados de bosques, gargantas o rocas volcánicas.
Según los datos de 2024 del Ministerio de Sanidad, hay censados 204 puntos de muestreo de aguas continentales (balsas, embalses, riberas, lagos, manantiales, arroyos y ríos). Repartidos por todo el territorio nacional, encontramos ejemplos espectaculares y singulares, tanto por sus aguas como por su entorno. Estas son algunas de las más destacadas:
- En Galicia, el país de los mil ríos, la confluencia de estos forma pozas naturales como las Pozas de Mougás, donde es mejor bañarse tras la época de lluvias, cuando aumenta el caudal y se crea un contraste de colores con el gris de la roca y el verde de las plantas. También es posible pasear por las diferentes cascadas, puesto que la ruta forma parte del camino portugués de Santiago por la costa. Más al Norte, escondidas en la Costa da Morte, están las piscinas naturales de Caldeiras do Castro e infinidad de cascadas (fervenzas) y saltos de agua para refrescarse inventariados por Turismo de Galicia.
- En el País Vasco, quienes prefieran el agua más fría pueden encontrar las Pozas de Usako, muy cerca de Oñati (Guipúzcoa); de hecho, se puede llegar caminando o en bicicleta desde el casco urbano por una vía verde y disfrutar del paisaje. La zona de baño se despliega delante de una pequeña cascada, y la temperatura oscila entre los 14 y los 16 grados.
- En Tarragona destaca la piscina natural de la Fontcalda, que combina sus aguas mineromedicinales con un santuario del siglo XIV. Los bosques de pinos se suman al conjunto religioso y forman así un enclave singular, distinto al de otras piscinas, donde predomina la naturaleza que las rodea.
- En la sierra de Guadarrama, en el norte de la Comunidad de Madrid, se encuentra la piscina natural de Las Presillas. Mientras que, en el sur de la comunidad, está la playa de Alberche, en Aldea del Fresno, junto al río del mismo nombre, y es una buena opción familiar debido a su poca profundidad.
- En Ávila, las piscinas naturales de Arenas de San Pedro están rodeadas de una pradera de césped y también son una opción para todos los públicos. El agua del río Arenal está regulada por una pequeña presa que crea dos piscinas, una con una profundidad de unos dos metros y otra infantil de apenas medio metro. Cerca de allí, el Charco de la Chiva cuenta incluso con un espacio de barbacoas para una experiencia estival más completa.
- En la provincia de Cáceres, la flor de los cerezos del valle del Jerte da paso tras la primavera a las piscinas naturales de la Garganta de los Infiernos. Si en otras piscinas sobresale el verdor del paisaje que las rodea, aquí destacan las rocas de granito por las que discurre el agua y que, en algunos casos, con la erosión fluvial, han creado grandes pozas.
- En un listado de piscinas naturales no puede faltar el Lago de Sanabria, en Zamora (Castilla y León). Se trata del lago más grande de España, con una superficie fluvial de 369 hectáreas, es decir, unos 3 kilómetros de largo por 1,5 kilómetros de ancho, y más de 50 metros de profundidad, con varias playas de arena en las que está permitido tanto el baño como actividades deportivas como paddle surf, vela o buceo.
- En el archipiélago canario hay varios ejemplos, con la curiosidad de que están formadas por roca volcánica. La misma que ha dado forma a las islas es la protagonista de las piscinas naturales de El Caletón en Garachico (Tenerife), que se formaron tras la erupción de 1706 en la localidad. Cerca de allí, en Gran Canaria, los volcanes también moldearon las piscinas de Agaete, unidas entre sí por tubos volcánicos y que, como sus compañeras tinerfeñas, tienen unas aguas tranquilas para disfrutar del entorno en familia.
La fitodepuración en las piscinas naturales
Uno de los aspectos que puede generar más curiosidad sobre estos espacios naturales es cómo se mantienen estas piscinas si muchas de ellas son entornos ‘salvajes’, es decir, no han sido creados por la acción del ser humano. El proceso natural que se encarga de ‘limpiar’ estas piscinas es la fitodepuración. En él, las plantas acuáticas impulsan el crecimiento de microorganismos que ayudan a oxigenar y regenerar el agua. Y no solo eso: descomponen los restos orgánicos y los convierten en nutrientes para las propias plantas.
De acuerdo con datos de 2023 del Ministerio de Sanidad, la mayoría de las aguas de provincias de interior españolas eran calificadas como “excelentes” o “buenas”. El Sistema de Información Nacional de Aguas de Baño (NÁYADE) recoge datos de la calidad del agua de estas piscinas naturales y también de las playas marítimas.
En definitiva, disfrutar de estos paraísos fluviales es un privilegio en el que la banda sonora es el fluir del agua y el canto de las aves. Respetar la fauna local y contribuir a preservar la belleza del entorno es la mejor garantía de que las piscinas naturales de España sigan siendo refugios vivos y cristalinos para las futuras generaciones.