Mientras Europa redefine su matriz energética, la innovación local está encontrando soluciones disruptivas donde la naturaleza y la tecnología convergen. En este escenario, Ávila se ha convertido en un laboratorio vivo para una de las técnicas más prometedoras de la ingeniería climática actual: la mineralización del carbono.
Smart Green Minerals es un proyecto impulsado por la ciudad abulense que implica al propio Ayuntamiento, a la Universidad Católica de Ávila (UCAV) y a una gran multinacional asentada en la provincia. Una iniciativa a tres bandas que busca fijar el dióxido de carbono (CO₂) de forma permanente mediante un proceso de meteorización mejorada. Dicho de otro modo, transformarlo en roca.
Un proceso con marcado carácter I+D+i que se enmarca en una transformación más amplia del modelo energético europeo, donde otras tecnologías, como el hidrógeno renovable, están llamadas a desempeñar un papel clave en la descarbonización a largo plazo.
La iniciativa comenzó a gestarse en mayo de 2025 con la aplicación de polvo de basalto —una roca mineral silicatada triturada— en distintas zonas ajardinadas de Ávila. Al entrar en contacto con el agua y el CO₂, este material acelera un proceso geológico natural que transforma el carbono en minerales estables.
"Esparcimos polvo de basalto en varias rotondas para medir el impacto en entornos urbanos. Al entrar en contacto con el agua arrastra las moléculas de CO₂ y las fija en la roca para siempre de forma geológica", explica Jaime de Jaráiz, presidente y CEO de LG Electronics España.
En una primera fase, el proyecto actuó sobre cuatro rotondas de la ciudad divididas entre parcelas de control y zonas de ensayo, donde se aplicó inicialmente un kilogramo de basalto por metro cuadrado. Tras comprobar que no generaba impacto visual ni alteraciones en el entorno urbano, el proyecto amplió su alcance en enero de 2026 a otras cuatro rotondas, donde se incrementó la cantidad de material hasta entre tres y seis kilogramos por metro cuadrado.
Por ahora, los investigadores insisten en que todavía es pronto para hablar de resultados definitivos. "El proceso de meteorización mejorada lleva su tiempo y los resultados deben observarse al menos después de doce meses", señala Jorge Mongil, director del grupo de investigación de la UCAV. Según Mongil, el tercer muestreo realizado a los seis meses refleja "ligeros incrementos en el contenido de carbono inorgánico del suelo, así como de carbonatos".
La medición del impacto se realiza mediante análisis periódicos del suelo antes y después de la aplicación del basalto. El protocolo contempla cuatro muestreos: uno previo, otro inmediatamente posterior, uno a los seis meses y un último análisis al cumplirse un año.
La ciudad como espacio de innovación
Ávila se ha convertido así en un laboratorio a cielo abierto donde es posible comprobar si esta tecnología puede funcionar en condiciones reales. Más allá de su aplicación medioambiental, el proyecto también explora una vertiente de economía circular. Parte del basalto utilizado procede de TREMISA, una empresa de Ciudad Real que ya generaba este material como residuo en la producción de áridos para asfaltos.
"Smart Green Minerals convierte este residuo en un recurso", explica De Jaráiz, que destaca además la posibilidad de replicar el modelo en otras ciudades españolas. El desarrollo del proyecto también ha requerido introducir ajustes técnicos a lo largo del proceso. Tras detectar que los primeros incrementos de carbono eran moderados, los investigadores decidieron aumentar la cantidad de basalto en nuevas parcelas.
Ávila como referente internacional
Ávila se posiciona así como ciudad pionera en España en la aplicación urbana de la fijación mineral de carbono, una tecnología que está ganando terreno a nivel internacional. Sin embargo, en Reikiavik, desde 2007, la empresa Carbfix ha conseguido capturar el CO2 y enterrarlo de forma permanente en la roca: ¿Cómo? Disuelve el carbono en agua para posteriormente inyectar la solución resultante en formaciones rocosas de basalto subterráneas. Este método acelera la reacción química al liberar calcio, magnesio y hierro del basalto, que se combinan con el carbono para formar minerales sólidos. Imita, así, una reacción natural que normalmente tardaría milenios en producirse, logrando una mineralización del 95% del gas en un proceso de tan solo dos años, según los resultados del proyecto piloto publicados en la revista Science.
Desde 2019, la empresa suiza de tecnología sostenible Neustark, con sede en Zúrich, trabaja en la mineralización acelerada de carbono mediante la inyección de CO₂ en gránulos de hormigón reciclado procedente, por ejemplo, de la demolición de edificios, carreteras o infraestructuras urbanas. El gas se introduce en estos restos triturados dentro de instalaciones industriales controladas, donde reacciona con los minerales presentes en el hormigón y se transforma en piedra caliza en cuestión de horas o días, quedando fijado de forma permanente.
Por su parte, en Estados Unidos también están surgiendo iniciativas similares, aunque con métodos distintos. La empresa californiana Heirloom, fundada en 2020, inauguró el 9 de noviembre de 2023 en Tracy (California) la primera planta comercial de captura directa de aire (Direct Air Capture, DAC) del país. Su tecnología acelera el proceso natural mediante minerales derivados de la piedra caliza que, por su estructura y porosidad, son capaces de absorber CO₂ directamente del aire. Una vez capturado, el gas se concentra para su almacenamiento permanente bajo tierra o para su uso en materiales industriales como el hormigón. Actualmente la planta cuenta con una capacidad inicial para retirar hasta 1.000 toneladas de CO₂ al año, de acuerdo a los registros de la empresa.
Mientras ciudades y empresas de todo el mundo buscan fórmulas para avanzar en la descarbonización, Ávila ha optado por mirar al suelo como parte de la solución. Así, a través de la innovación, parques, jardines y espacios urbanos podrían convertirse también en aliados activos para seguir impulsando la descarbonización.