La Unión Europea apuesta así por el hidrógeno renovable como componente clave para la transición energética, la neutralidad climática y el desarrollo sostenible. De ahí que adoptase la referida estrategia en tres fases, que orienta su despliegue y consolidación en las próximas décadas.
En la primera de ellas, prevista para el periodo 2020 y 2024, la UE estableció un objetivo de 6 GW de potencia instalada de electrolizadores y de producción de 1 millón de toneladas de hidrógeno renovable, cuyo consumo se destinaría sobre todo a procesos industriales y en estaciones de repostaje para autobuses. Sin embargo, al cierre de 2025, pese a los avances en la capacidad operativa y con casi 3 GW en construcción, las cifras seguían por debajo de la meta fijada para 2024. Por ello, para reforzar está aceleración, la Comisión Europea movilizó cerca de 300.000 millones de euros para financiar el Plan REPowerEU (2022), cuyo presupuesto constituye el núcleo de la segunda fase de la estrategia y pretende conseguir 40 GW de potencia instalada de electrolizadores para producir hidrógeno renovable en 2030.
En la tercera fase a partir del 2030, la prioridad pasa por llevar las tecnologías a madurez y desplegarlas masivamente en los sectores de mayor dificultad para reducir emisiones.
Una asociación para una meta común
Las empresas privadas juegan un papel fundamental en este contexto. Prueba de ello es que seis empresas clave del ecosistema del hidrógeno renovable han constituido la asociación 'Electrolysers for Europe' (E4E) con el objetivo de influir en el inminente Industrial Accelerator Act. Sus miembros son ITM Power (Reino Unido), John Cockerill Group (Bélgica), Nel (Noruega), Sunfire (Alemania), Thyssenkrupp nucera (Alemania) y Topsoe (Dinamarca); entre todas ellas suman más de 13.000 empleados en cinco países diferentes. Una de sus grandes propuestas es la protección de la cadena de producción en el territorio europeo.
Esta coalición da por buenos los planes y estrategias de desarrollo fijados por la UE y asegura que, con el marco político adecuado, se puede alcanzar un valor de exportación de hasta 200.000 millones de euros (que convertiría a los electrolizadores en un factor clave para la competitividad industrial europea), y alrededor de un millón de puestos de trabajo directos en la cadena de valor del hidrógeno verde.
Para ello, además de acelerar los proyectos de desarrollo y estimular la demanda, A4E insiste en su manifiesto en que se deben reforzar los mecanismos de financiación. Bajo su criterio, la UE debe consolidar y orientar la financiación para impulsar la innovación y acelerar el despliegue, apoyándose en la Directiva revisada sobre energías renovables, en la producción de hidrógeno renovable y la utilización de combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO por sus siglas en inglés), además de un apoyo a la tecnología 'Made in Europe'.
Dada la ambición de ampliar la producción de hidrógeno renovable en Europa —tal y como defiende la asociación E4E— la Unión Europea ha puesto en marcha instrumentos específicos, con el objetivo de reforzar la financiación, intentando con ello facilitar que los proyectos lleguen a decisión final de inversión (FID). Entre ellos destaca el Banco Europeo del Hidrógeno, un mecanismo creado para reducir el riesgo económico de los productores y conectar oferta y demanda mediante subastas que buscan ingresos estables durante los primeros años de operación. En paralelo, la UE continúa apoyando el despliegue del hidrógeno renovable a través del Innovation Fund, que financia tecnologías limpias en múltiples sectores. En la subasta específica de hidrógeno del IF24, dotada con 1.200 millones de euros, se seleccionaron proyectos europeos destinados a producir hidrógeno renovable (RFNBO) en el Espacio Económico Europeo, contribuyendo a acelerar el despliegue industrial y a reducir emisiones a lo largo de su vida útil.
Un reto grupal donde cada parte tiene su papel
Junto con los presupuestos citados anteriormente, la Comisión Europea ha anunciado una inversión de 650 millones a través del mecanismo Conectar Europa (CEF por sus siglas en inglés) para financiar 14 proyectos energéticos transfronterizos. Con ello, busca acelerar la integración de renovables, reforzar la seguridad de suministro y mejorar la competitividad. Y es que, aunque se trata de un reto de dimensión europea, el impulso individual de los países europeos es fundamental para avanzar. Estos Estados son:
- Alemania. El mayor consumidor de hidrógeno de Europa que, además, cuenta con la mayor capacidad instalada de electrólisis de agua de Europa con más de 193 MW. Alemania también ha actualizado su Estrategia Nacional del Hidrógeno para avanzar las metas de cara 2030: al menos 10 GW de capacidad instalada de electrolizadores para producir hidrógeno renovable y una red de unos 1.800 km de tuberías para transporte interno. A través de estas instalaciones, esperan que todos sus principales centros de producción, importación y almacenamiento estén conectados a los consumidores para 2032.
- Francia. La Estrategia Francesa de Hidrógeno plantea descarbonizar la industria y el transporte, gracias a 4,5 GW de capacidad instalada de electrólisis para 2030 y una inversión de 7.000 millones de euros para impulsar el hidrógeno renovable e hipocarbónico. El plan también incluye el apoyo a más de 150 proyectos piloto y estructuras industriales con contratos que pueden durar hasta 15 años.
- España. Uno de los líderes europeos en cuanto a proyectos anunciados de hidrógeno renovable, con potencial de albergar cerca del 20% de la capacidad europea . España también marca la cifra de aproximadamente 12 GW de capacidad instalada de electrolizadores operativos para 2030. Entre las herramientas en las que se apoya está la Hoja de Ruta Nacional de Hidrógeno Renovable, la cual se enmarca en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC 2023-2030), que establece este elemento como un palanca clave en la transición energética.
- Dinamarca. En 2025 era uno de los países con mayor potencial y ambición de producción per cápita, cuenta con 107 MW instalados, de los cuales 52,5 MW provienen de una única instalación, la primera planta de producción de e-metanol a gran escala de Europa. Además de que su objetivo es lograr al menos 4 GW de capacidad de electrólisis para 2030, otro de sus principales retos es la construcción de tuberías de hidrógeno para conectarse a otros países, como es el caso de Alemania, con quien tienen aprobado la construcción de 133 kilómetros de tubería para unir Esbjerg (Dinamarca) con la frontera alemana cerca de Frøslev.
- Países Bajos. Según la Dutch Hydrogen Roadmap, el objetivo actualizado es el de lograr 8GW de capacidad de electrólisis para 2032, poniendo el énfasis en integrar la producción renovable y la infraestructura de manera que se puedan consolidar como un hub de producción y exportación.
En definitiva, durante los próximos años, el reto que afronta Europa debe centrarse en escalar desde la innovación hasta la madurez comercial que el hidrógeno renovable requiere para ser un pilar industrial en 2050. Del éxito de esta hoja de ruta depende que el hidrógeno renovable pase de ser un proyecto prometedor a generar el 25% de la energía que consumimos.