Según diferentes estimaciones internacionales, más del 80 % de las aguas residuales generadas en el mundo regresan al medio ambiente sin el tratamiento adecuado, lo que supone un riesgo para los ecosistemas y la salud humana. En este escenario, los nuevos enfoques tecnológicos buscan no solo depurar el agua, sino también integrarla en modelos de economía circular que permitan aprovechar cada uno de sus componentes.
Entre las soluciones emergentes para una gestión más eficiente y sostenible destaca una tecnología que utiliza principios físicos de la velocidad del sonido para purificar el agua: un sistema capaz de transformar fluidos complejos en agua reutilizable y materias primas valorizables a través de la evaporación sónica, con un consumo energético reducido y sin necesidad de productos químicos.
Una de estas propuestas es la tecnología ASEC (Adiabatic Sonic Evaporation & Crystallization), desarrollada por la startup española Water Challenge. Su planteamiento se basa en un principio sencillo: aprovechar fenómenos físicos como la evaporación y la cristalización para separar el agua de los contaminantes de forma disruptiva, eficiente y continua.
Evaporación sónica y cristalización en un único proceso
Los sistemas convencionales de tratamiento de aguas residuales industriales suelen requerir múltiples etapas, con varios equipos independientes y procesos químicos. Sin embargo, la tecnología ASEC propone una aproximación distinta al integrar la evaporación y la cristalización en un único proceso y de forma continua.
El funcionamiento del sistema se articula en varias fases encadenadas que optimizan el uso de la energía disponible. La característica fundamental es la aceleración del fluido contaminado a la velocidad del sonido a 1 mach (o 400 metros por segundo, lo que prefiráis poner) a la entrada de la cámara de evaporación donde se produce el cambio de fase obteniéndose agua pura y sólidos secos, con la reutilización del calor del vapor, lo que permite reducir el consumo de energía.
Este enfoque permite tratar fluidos con características muy diversas, incluyendo altas concentraciones de sales, metales o compuestos orgánicos, con independencia de su pH, densidad o conductividad.
La eficiencia energética como pilar estratégico
Uno de los aspectos más destacados de esta tecnología es su eficiencia energética. El consumo estimado se sitúa por debajo de los 20 kWh por metro cúbico tratado, muy inferior al de muchos sistemas convencionales de descarga líquida cero (ZLD).
Además, al tratarse de un proceso físico, no requiere el uso de reactivos químicos ni consumibles adicionales, lo que reduce tanto los costes operativos como el riesgo de generar residuos secundarios.
El sistema también puede integrarse en entornos industriales aprovechando calor residual de otros procesos o alimentándose con energías renovables, lo que contribuye a disminuir su huella de carbono.
Desde la perspectiva de la economía circular, este modelo permite recuperar el 100 % del agua tratada para su reutilización en procesos industriales, riego u otros usos. Al mismo tiempo, los sólidos obtenidos, que pueden incluir sales, minerales o metales, pueden reincorporarse a la cadena de valor como materias primas, fomentando así su reutilización.
Innovación abierta para acelerar la transición
Water Challenge ha sido seleccionada como una de las participantes en Moeve light up, el programa de aceleración de startups impulsado por Moeve para dar respuesta a los grandes retos de la transición energética. El objetivo es impulsar la innovación y apoyar proyectos disruptivos en ámbitos como las moléculas verdes, la descarbonización industrial o la movilidad sostenible.
Water Challenge es una de las diez tecnologías que la energética está impulsando tras ser elegidas a mediados del año pasado en el Selection day de su aceleradora corporativa de startups. A finales de este año, estas presentarán los resultados de sus proyectos piloto en el Demo day donde se elegirán aquellas tecnologías que la compañía seguirá acelerando con el objetivo de escalarlas y convertirlas en proyectos reales.
Estas iniciativas permiten validar tecnologías emergentes en entornos industriales reales y explorar su integración en ecosistemas energéticos complejos, donde la gestión eficiente del agua es cada vez más estratégica.
A medida que la presión sobre los recursos naturales aumenta, soluciones como la evaporación sónica demuestran que la ingeniería puede encontrar respuestas innovadoras en principios físicos aparentemente simples.