Diez años después de la aprobación del Acuerdo de París, las energías renovables, la eficiencia energética y la electrificación han entrado en una nueva fase de madurez que está transformando de manera estructural la economía global. Así lo recoge el informe especial de Naciones Unidas ‘Aprovechar el momento oportuno. Impulsar la nueva era de las energías renovables, la eficiencia y la electrificación’, que subraya que el mundo dispone hoy de las tecnologías, los recursos y las condiciones económicas necesarias para acelerar la transición hacia un sistema energético más sostenible, seguro y asequible.
Uno de los factores clave de este cambio ha sido la reducción significativa de los costes de las principales tecnologías limpias. Según el informe, entre 2010 y 2024, el coste de la energía solar fotovoltaica y de la eólica terrestre descendió de forma sostenida, hasta situarse, en la mayoría de los países, por debajo del coste de las nuevas centrales eléctricas basadas en combustibles fósiles. Además, destaca que en 2023, el 96 % de las nuevas instalaciones comerciales de solar fotovoltaica y eólica terrestre generaban electricidad a un coste inferior al de las nuevas plantas de carbón y gas, sin necesidad de un impulso financiero adicional.
En este contexto, esta competitividad económica se ha traducido en un despliegue acelerado. En 2024, las energías renovables concentraron el 92,5 % de la nueva capacidad eléctrica instalada a nivel mundial y representaron el 74 % del crecimiento de la generación eléctrica. Entre 2015 y 2024, la capacidad renovable global aumentó en unos 2.600 gigavatios, frente a los 640 gigavatios añadidos por los combustibles fósiles, reduciendo de forma significativa la brecha histórica entre ambos sistemas. Esta tendencia también se vio reflejada en 2025, ya que en la primera mitad del año se añadieron 380 gigavatios (GW) de nueva capacidad solar, un 64% más que en el mismo periodo de 2024.
Por otro lado, la electrificación del transporte es otro de los pilares de esta transformación que continúa avanzando. Las ventas de vehículos eléctricos crecieron un 3.300 % entre 2015 y 2024, pasando de medio millón de unidades anuales a más de 17 millones, lo que supone ya más del 20 % de los automóviles vendidos en el mundo.
2025 ha continuado confirmando la tendencia: los vehículos eléctricos de batería alcanzaron una cuota del 17,4 % del mercado europeo, con 1,88 millones de nuevas matriculaciones, frente al 13,6% del año anterior, según datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles.
Según el informe de la ONU, la energía solar, la eólica y los vehículos eléctricos han superado un punto de inflexión irreversible, impulsados por un ciclo virtuoso de reducción de costes y adopción masiva.
Este avance tecnológico está dando lugar a una nueva economía de la energía sostenible con efectos tangibles sobre el crecimiento y el empleo. En este sentido, el informe subraya que en 2024 las inversiones anuales en energía limpia superaron por primera vez los 2 billones de dólares a escala global, tras haber superado ya en 2016 a las inversiones en combustibles fósiles.
El sector generó empleo para cerca de 34,8 millones de personas en 2023 a nivel global, de las cuales 16,2 millones correspondieron a puestos de trabajo vinculados a las energías renovables. Ese mismo año, la energía renovable aportó alrededor de 320.000 millones de dólares a la economía mundial, lo que representó el 10 % del crecimiento del PIB global y casi un tercio del crecimiento del PIB en la Unión Europea.
Sin embargo, el informe de Naciones Unidas también introduce una dosis necesaria de realismo. A pesar de los avances logrados en los últimos años para impulsar la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles, es necesario adaptar el ritmo para impulsar la transición y consolidar este cambio estructural. Adicionalmente, la falta de infraestructuras de transporte, distribución y almacenamiento se convierte en uno de los principales cuellos de botella para avanzar en la transición energética.
El informe subraya además que, aunque los mercados emergentes y los países en desarrollo concentran una parte sustancial del potencial renovable mundial, reciben menos de uno de cada cinco dólares de inversión en materia de energía renovable, excluyendo a China. Para seguir avanzando en la consecución de los objetivos climáticos, estas regiones deberán multiplicar por cinco o más sus inversiones anuales de aquí a 2030, acompañadas de reformas regulatorias, financiación internacional y cooperación tecnológica.
Los avances logrados demuestran que la transición energética está en marcha y que el impulso global marca el camino hacia un nuevo modelo energético, pero aprovechar plenamente el momento actual exige, por tanto, algo más que tecnología y costes competitivos. Requiere también acelerar la inversión en redes, almacenamiento e infraestructuras energéticas, al tiempo que se transforman y adaptan los sistemas productivos y de consumo. En este contexto, el escenario descrito por Naciones Unidas refuerza también la apuesta por transformar los activos industriales hacia el desarrollo de moléculas verdes (como los biocombustibles de segunda generación y el hidrógeno verde) y por estimular soluciones de movilidad eléctrica como palancas clave para convertir el impulso global de la transición energética en una transformación económica tangible y duradera.