Carmen Quintanilla es una mujer incombustible. Apegada al rural, defiende sus potenciales para desarrollar un proyecto de vida a presente y futuro con las mujeres en el centro como agentes de transformación socioeconómica. Preside Afammer, la Confederación de Federaciones y Asociaciones de Familias y Mujeres del Medio Rural y desde la entidad, lucha por la igualdad y la sostenibilidad con la brecha digital como desafío urgente.
AFAMMER nació cuando aún se hablaba poco de igualdad en el medio rural. ¿Qué impulsó su creación y cuál fue el objetivo en aquel momento?
En aquel momento, en 1982, había una España invertebrada, como diría Ortega y Gasset. Era una España que empezaba a luchar por tener lo que hoy tenemos, nuestra democracia, nuestro Estado de Derecho, pero nadie hablaba de las mujeres en el medio rural, eran invisibles. Hablar de igualdad en España era una utopía en ese momento. Teníamos que dar visibilidad y poner a las mujeres en la agenda política, económica y social.
Durante estos años, ¿cómo percibes el desarrollo y progreso en la vida de las mujeres en el ámbito rural?
He sido testigo de una transformación profunda en la vida de las mujeres en el ámbito rural. Recuerdo cuando en 1995 participamos en la Conferencia Mundial de las Mujeres de Pekín: pedíamos formación, empleo y liderazgo. Tres décadas después, estamos en la agenda política, económica y social de las Naciones Unidas y formamos parte de 15 organismos internacionales con voz y con voto. A día de hoy, ya ninguna institución, ni siquiera los medios de comunicación, pueden permitirse no hablar de mujeres y, de forma específica, de mujeres en el medio rural.
Hoy, las mujeres de los pueblos apuestan, desde su valentía y desde su liderazgo, por el emprendimiento, por la igualdad real, por las oportunidades y por reivindicar su papel en la sociedad. Emprenden, innovan en la agricultura y se forman en competencias digitales, sostenibilidad o cuidados. Además, están liderando en sectores como el turismo rural: más del 56% de las casas rurales está gestionada por mujeres.
¿Cuáles son los principales desafíos?
Desafíos hay muchos: brecha digital, brecha salarial, brecha en pensiones…, pero el primer reto es el empleo. Dos de cada tres personas que abandonan el mundo rural son mujeres, muchas veces jóvenes y altamente cualificadas, que no encuentran oportunidades laborales ni acceso a la vivienda o servicios públicos.
Por otro lado, aunque se ha reducido la brecha digital con programas como Conecta en Rural, todavía hay pueblos sin conexión a internet o con conectividad deficiente, lo que limita el acceso a la formación, al empleo y a la participación social. También la falta de servicios básicos –como escuelas, transporte público o atención a la dependencia– dificulta la conciliación y frena el desarrollo pleno de las mujeres.
Proyectos de AFAMMER como Impulso Mujer Rural promueven la inserción laboral en sectores emergentes. ¿Qué impacto tienen en la igualdad y el desarrollo sostenible del medio rural?
Siempre hemos tenido claro que teníamos que llevar formación a las mujeres. Muchas en el medio rural trabajan en explotaciones familiares agrícolas y ganaderas, son madres, cuidan a mayores… pero no han tenido posibilidad de formarse. El programa Impulso Mujer Rural nace con un propósito claro y necesario: abrir nuevas puertas de futuro a través del empleo en sectores emergentes, como los cuidados y los empleos verdes. Hablamos de sostenibilidad, de economía circular, de ecoturismo, de gestión de recursos naturales... pero también de dignidad, de autonomía económica y de arraigo.
Hemos formado a miles de mujeres a lo largo de estos 43 años y el impacto es real. En un entorno donde la brecha digital, la despoblación o la falta de servicios siguen marcando diferencias, formar a las mujeres rurales es la mejor inversión que puede hacer un país si quiere asegurar un medio rural vivo, igualitario y sostenible. También tenemos programas para que las mujeres mayores accedan a las nuevas tecnologías porque les dan la posibilidad de acceder a su banca digital, de acceder a poder pedir una cita previa con el médico. En definitiva, las hace libres, las sigue manteniendo libres y con dignidad en un mundo donde, en muchas ocasiones, se enfrentan al edadismo.
¿Qué nuevas oportunidades están surgiendo en el campo con la digitalización o el emprendimiento femenino?
Están revolucionando el medio rural y abriendo nuevas oportunidades que hace apenas unos años eran impensables. Gracias a la tecnología, una mujer puede vender productos, ofrecer servicios o participar activamente en la vida pública sin tener que abandonar su pueblo. Lo vemos cada día: mujeres que crean tiendas online de productos artesanales, plataformas de formación, negocios de cuidados a domicilio o blogs de turismo rural. Son mujeres que han sabido transformar las dificultades en oportunidades y que están escribiendo una nueva narrativa para el mundo rural. No solo generan empleo, sino que revalorizan el entorno, promueven el desarrollo local y fortalecen la cohesión del territorio.
El medio rural también está abordando transformaciones vinculadas a la sostenibilidad y la transición energética. ¿Qué papel pueden desempeñar las mujeres en esa transformación?
Las mujeres tienen un papel fundamental en la transformación hacia un modelo más sostenible de nuestros territorios. Siempre han estado ligadas al cuidado de la tierra y a la gestión responsable de los recursos, pero además hoy están mejor preparadas que nunca para liderar ese cambio.
Están apostando por la agricultura ecológica, gestionan iniciativas de economía circular, impulsan proyectos de eficiencia energética en sus negocios rurales y se forman en energías renovables. Los empleos verdes representan una gran oportunidad para generar trabajo femenino de calidad en sectores en crecimiento como las energías limpias, la gestión de residuos, la movilidad sostenible o el ecoturismo.
Hablamos mucho de despoblación, pero también hay señales de un flujo de la ciudad al campo. ¿Qué señales de revitalización o impulso se observan en el territorio?
En los pueblos cercanos a las grandes ciudades, a una distancia entre 40 y 100 kilómetros, se observa una vuelta al medio rural. Ante el ajetreo de la vida, el medio rural significa sostenibilidad, significa alimentación saludable, significa paz y bienestar, equilibrio emocional. Aproximadamente 100.000 personas ya han vuelto al medio rural y, en muchos territorios, se perciben signos de revitalización: nuevos negocios locales, proyectos de turismo sostenible, recuperación del comercio de cercanía y una mayor sensibilidad hacia el medio ambiente.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos es la falta de vivienda. Hay muchas casas vacías en los pueblos, que están en ruina o que ya no tienen herederos. Si queremos revertir la despoblación, necesitamos una buena política de viviendas que facilite la rehabilitación y el acceso a una casa a las personas jóvenes.
¿Qué necesitan las mujeres jóvenes para quedarse en los pueblos y poder construir un proyecto de vida?
Las mujeres jóvenes necesitan algo muy concreto para quedarse en sus pueblos: oportunidades reales. El empleo es la base de la igualdad de oportunidades y de los derechos humanos. Cuando una mujer tiene empleo, decide sobre su vida. No quieren privilegios, solo igualdad de condiciones para poder desarrollar su proyecto de vida sin tener que renunciar a sus raíces.
Hoy las jóvenes rurales están mejor preparadas que nunca —con estudios universitarios, formación profesional o competencias digitales—, pero no encuentran un entorno que les permita quedarse. Cuando una mujer joven se va, se pierde talento, innovación, relevo generacional y futuro. Cuando las mujeres se quedan en un pueblo y acceden a un empleo, generan riqueza, liderazgo y demanda de servicios públicos.
Después de más de 40 años de trabajo, ¿qué le sigue motivando y qué le hace mantener la ilusión?
Me sigue motivando que todavía tenemos un largo camino por recorrer en la igualdad real de oportunidades. Tenemos que incorporar a los hombres y hacerles cómplices en el largo camino por la igualdad que todavía nos queda por recorrer a las mujeres. Siempre que siga manteniendo la ilusión, quiero seguir trabajando por ese feminismo de la cooperación y del consenso.