Es un texto que no ofrece predicciones o no ilumina un futuro determinado. Son, básicamente, proyecciones. El último Global Risks Report 2026 presentado en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) es el retrato de un mundo más complejo, donde se están redefiniendo las alianzas y dónde, también, la economía demuestra su fortaleza frente a la incertidumbre.
Los riesgos medioambientales parece que han perdido su urgencia, en los próximos dos años. Sin embargo, encabeza el horizonte, si esa proyección se lleva a cabo, al medio plazo: una década. Conviene medir los tiempos. Porque los retos no han desaparecido. La imagen instantánea es clara. La confrontación geoeconómica emerge como el principal desafío global. Hablamos a dos años vista. ¿Quién lo puede ignorar?. La familiar fragmentación de las cadenas de suministro es el reflejo —sobre la nieve suiza— de un orden internacional más multipolar y que demanda esfuerzos de colaboración.
El ranking de riesgos ha cambiado. Los eventos climáticos extremos bajan del 2º al 4º lugar. Y la contaminación del 6º al 9º. La preocupación por la pérdida de biodiversidad y el colapso de los sistemas naturales pierde fuelle en esta clasificación. Pero —como hemos visto— es la anatomía de un instante. Si se alza la mirada una década: los riesgos medioambientales extremos recuperarán —según el informe Global Risk Report 2026— su primera “plaza” en la lista.
Leídas las más de cien páginas que ocupan el trabajo, las conclusiones se desgranan. A veces utilizando esa jerga financiera y económica. “A pesar de los desafíos, los fundamentales de la transición a una economía más sostenible y resiliente permanecen inalterados y persistirán, dan igual los obstáculos políticos y económicos”, prevé Rocío Jaureguizar Redondo, especialista en ESG (por sus siglas en español) en la gestora Pictet AM. El movimiento resulta imparable aunque no siempre sea público. “Muchas compañías que han reducido su promoción social de sostenibilidad redoblan, en cambio, los esfuerzos en esta área”, revela. Y los gestores han abandonado esa semántica duplicada de activos “verdes” y “marrones”. Manda el propósito.
Europa, por ejemplo, se ha preocupado de que el complejo armazón jurídico de la sostenibilidad, que había sido criticado por su dificultad normativa, sea, ahora, más asequible. La propuestaOmnibus Simplification Package reduce la complejidad regulatoria respecto al cambio climático, emisiones industriales, economía circular y evaluaciones climáticas. Por lo tanto, la agenda medioambiental no se ha detenido. Al contrario. “La sostenibilidad ha entrado en una fase de madurez menos retórica y más estratégica. Las decisiones corporativas siguen vinculando sostenibilidad y competitividad, aunque el contexto político —y su creciente polarización— influya en el ritmo y la narrativa”, reflexiona Belén López, directora de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de ESIC University.
Es cierto que existen ciertas resistencias. “Las tensiones geopolíticas condicionan la transición energética; la desinformación erosiona la confianza necesaria para [emprender] políticas climáticas ambiciosas; y la tecnología amplifica tanto soluciones como vulnerabilidades”, desgrana la docente.
Aunque esto —cómo se ha escrito antes— es una polaroid. Un momento. El banco de inversión estadounidense Goldman Sachs mantiene que “las cuestiones de sostenibilidad, bajo su nomenclatura clásica, dominarán 2026 incluso cuando la descarbonización reciba, relativamente, menos atención”.
En un tiempo único, lo sostenible ha entrado en una nueva fase. “Las empresas pasan de divulgaciones llenas de jerga a narrativas con propósito simplificado, más pragmáticas, dirigidas a inversores, empleados y público en general y destinadas” [también los hemos visto] “a mantener su apoyo y contrarrestar la desinformación”, apunta. Entre otros aspectos —avisa Goldman Sachs— el planeta se prepara para una posible sequía energética.
La demanda ha aumentado por primera vez en una década. La eólica y solar son necesarias para tener energía en tres o cuatro años al menor precio posible porque cerca del 90% de las nuevas incorporaciones —acorde con la gestora Pictet AM en España— energéticas en el planeta proceden de renovables y almacenamiento.
Además, se impone la doble materialidad (en jerga financiera): ingresos económicos junto con un impacto positivo. “Es tiempo, pensemos, del hidrógeno. se está ampliando el foco al considerar que existen ciertos requisitos, innegociables, para la sostenibilidad: autonomía estratégica, suministros críticos y seguridad”, incide Roberto Scholtes, jefe de Estrategia de Singular Bank.
Por todo ello, es importante entender bien un ranking de proyecciones. La realidad la marcan los mercados, las Administraciones, las empresas y la sociedad civil. El trabajo, sin duda, indica que la incertidumbre geopolítica y económica ha desplazado la atención inmediata hacia riesgos percibidos como más urgentes. “En ese marco se entienden los informes Draghi y Letta: ambos coinciden en que Europa no debería abordar la sostenibilidad como una agenda aislada, sino integrarla en una visión más amplia de competitividad y seguridad que frene el declive económico de la UE, en comparación con otras potencias, pero sin perder de vista la productividad”, narra David Elustondo, director científico del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente BIOMA de la Universidad de Navarra.
Bajo esta táctica, la sostenibilidad —zanja la consultora McKinsey— ya no se impulsa únicamente desde grandes marcos multilaterales, sino cada vez más a través de coaliciones más pequeñas, regionales y orientadas a los resultados. Se ven avances cuando la descarbonización se integra en agendas industriales, como en Europa, o cuando permite abaratar la energía, reforzar la resiliencia o acelerar la innovación. No es un retroceso. Sino una integración más realista de la sostenibilidad en la agenda económica y geopolítica.
El reto, ahora, es evitar que esta lógica de corto plazo diluya la ambición a largo: el riesgo climático continúa siendo sistémico, y retrasar la acción hoy solo aumenta el coste económico, social y estratégico de mañana. Hay obstáculos. Daron Acemoğlu, premio Nobel de Economía de 2024 y uno de los nueve principales profesores del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts, por sus siglas en español), evidencia la hostilidad política estadounidense. “Sin embargo, con los avances, la tecnología solar, eólica y las renovables se están volviendo mucho más económicas en bastantes actividades, lo que indica que, en algún momento, habrá una transición energética más completa”, pronostica. En definitiva, hay que estar preparados para el medio plazo, porque llega pronto.