De observar la atmósfera a calcularla; de estimar a cuantificar; del barómetro a los modelos numéricos de alta precisión con inteligencia artificial. La meteorología es la ciencia del clima. Disciplinas como matemáticas, física, química, geofísica e informática confluyen para analizar los fenómenos en la corteza terrestre y sus derivadas.
Lluvias, nieve, granizo, rayos, ciclones… Eventos naturales que ocurren en la troposfera terrestre y que se desencadenan por variaciones de viento, temperatura, humedad y presión. ¿Cuál fue el origen de la meteorología como ciencia? Una vez más hay que remontarse a Aristóteles y a la Antigua Grecia.
De Aristóteles al barómetro
Fue el filósofo quien la acuñó formalmente con la publicación de su obra Meteorológica, en el año 340 a.C. Es, etimológicamente, el estudio o tratado (logía) de lo que está en el aire (meteoros). En ella, identificaba correctamente el proceso fisicoquímico de evaporación y condensación del agua en el ciclo hidrológico básico.
Si bien, alguna de las teorías que formuló Aristóteles en su tiempo no eran del todo exactas, fue el primer polímata o sabio que abordó la meteorología desde una perspectiva científica como procesos físicos que fundamentaba el conocimiento en la observación y las pruebas.
La ciencia precisó de instrumentos para avanzar de la observación cualitativa a la medición cuantitativa. Y no fue hasta el Renacimiento que se ideó el primer instrumento para medir la presión atmosférica, el peso o fuerza que el aire ejerce sobre la superficie de la tierra.
Los nombres propios del siglo XVII fueron Evangelista Torricelli, discípulo de Galileo Galilei e inventor del barómetro en 1643, y posteriormente Gabriel Fahrenheit, con el termómetro de mercurio, en 1714.
La propia Organización Meteorológica Mundial (OMM) destaca los siglos XVII y XVIII como los que marcaron el nacimiento de la observación estandarizada y de la meteorología como ciencia que debe su evolución a la suma de los aportes de grandes genios como Descartes, Galileo y el propio Aristóteles.
El siguiente salto se produce en el siglo XIX con la invención del telégrafo -que permitía enviar datos más rápido que el viento- y cambió las reglas del juego, especialmente entre los marinos para anticiparse a las borrascas y cobijarse en los anticiclones. El nombre propio de la historia meteorológica de esta era fue el del capitán del HMS Beagle, Robert FitzRoy, quien creó el primer sistema de avisos de tormentas para los navegantes y que se servía del telégrafo para recopilar datos en diferentes puntos del globo terráqueo.
¿Y el primer pronóstico oficial de la historia? Lo publicó el 1 de agosto de 1861, el diario británico The Times. Este hito marcó un punto y aparte como una de las informaciones más demandadas en todos los medios de comunicación analógicos (y digitales), y que en España centraliza la AEMET.
De dibujar mapas a descargar apps
El verdadero salto de la meteorología como ciencia se produjo en el siglo XX y se fundamentó en la predicción numérica ideada en 1922 por Lewis Fry Richardson; si bien, tardó en ser eficaz hasta la entrada en escena del ordenador y la supercomputación, que ha reducido al 1% el margen de error en las predicciones a 24 horas.
Otro hito del siglo pasado fue el lanzamiento del satélite TIROS-1 en 1960, que permitió a los científicos observar la atmósfera desde fuera y aprender de sus movimientos. Ahora, en el siglo XXI, la Agencia Espacial Europea (ESA), con Copernicus, Earth Explorers y Meteosat, y la NASA, con GOES-U, emplean satélites de última generación para vigilar fenómenos extremos y cuantificar aspectos concretos.
El desembarco de la IA como tecnología disruptiva también se traduce en nuevos modelos climáticos como Graph Cast de Google, que marcan el paso de la predicción futura. Un viaje que se puede revivir en el Science Museum de Londres, donde se muestran algunos de los instrumentos clave de la historia del tiempo meteorológico.
Desde 1950, la meteorología cuenta con su propio día mundial -el 23 de marzo- y en 2026, ya son incontables las aplicaciones para la descarga de la información más precisa y detallada de viento, humedad, oleaje y precipitaciones por intensidad y franjas horarias.
Una ciencia multidisciplinar que se alimentó de talento hasta alcanzar el espacio para ver nuestra atmósfera desde la órbita exterior. Hoy, sigue fascinando al llevar la predicción al bolsillo.