La tendencia en decoración sostenible es un valor al alza y este 2026 no será una excepción. No solo busca reducir el impacto, sino regenerar activamente el entorno con materiales vivos, aquellos de origen natural, renovable y en algunos casos biológicamente activos, capaces de interactuar con su entorno.
Hablamos de materiales como la madera sin tratar, el corcho, las fibras vegetales, la arcilla, los biocompuestos o incluso elementos vegetales integrados en los espacios, que mejoran la calidad del aire y aportan bienestar. Esta visión se apoya en los principios de la economía circular y el resultado es una decoración conectada con el ecosistema local, que fomenta una relación más consciente, saludable y respetuosa entre las personas y el espacio que habitan.
Según la revista especializada Architectural Digest, el enfoque actual pasa por emplear materiales que almacenan carbono en lugar de emitirlo. Precisamente, en el hogar, esta tendencia se traduce en el auge del mobiliario fabricado con madera, corcho, bambú, cáñamo o micelio (hongos), así como otras maderas certificadas con trazabilidad digital.
En paralelo, se apuesta también por el minimalismo orgánico, un estilo que combina la simplicidad funcional del minimalismo con la calidez y conexión con la naturaleza. Persigue suavidad y naturalidad en interiores a partir de textiles de lana de oveja o fibras de piña o algas, que ofrecen texturas orgánicas.
Esta búsqueda de naturalidad, bienestar sensorial y materiales honestos no se limita al ámbito residencial, sino que se traslada con fuerza al sector de la hostelería y la restauración, donde las tendencias también apuntan al retorno de los materiales clásicos (piedra, mármol, granito o terracota) y a resucitar formas de construcción tradicionales.
De hecho, algunos restaurantes de vanguardia en España ya están eliminando los revestimientos sintéticos por morteros de cal y arcilla, materiales que regulan la humedad de forma natural.
Publicaciones de referencia como Dezeen subrayan la apuesta de este 2026 por un “diseño para los sentidos” con pátina natural, la capa superficial que se forma espontáneamente en metales, madera, cuero o piedra debido a la interacción con el entorno (aire, humedad, luz, aceites) ofreciendo un aspecto desgastado y único, que busca la calma sobre el minimalismo, que resulta algo más frío.
La revista muestra cómo los establecimientos líderes utilizan el diseño como herramienta para narrar la historia de su territorio, recurriendo a la artesanía de proximidad, tanto para reducir la huella ambiental al transporte, como para impulsar la economía local y los oficios tradicionales.
Esta misma mirada —que entiende el diseño como un relato ligado al lugar, a los materiales y a la experiencia— se extiende también al sector hotelero de lujo. En este ámbito, se observa una transición clara desde la opulencia estética de antaño hacia un enfoque más residencial, sostenible y marcadamente vegetal, una evolución que encuentra su altavoz en publicaciones especializadas como Hospitality Design.
En destinos preferentes como Canarias o Baleares, las nuevas construcciones integran sistemas de diseño biofílico, que incorporan elementos naturales que buscan conectar con el paisaje. Significa que la vegetación no es ornamental, sino parte de la infraestructura de climatización y que procura mayor bienestar físico y mental.
Más allá de la integración paisajística y el bienestar sensorial, esta transformación del sector hotelero se apoya en un cambio profundo en la manera de construir. La apuesta por una arquitectura circular se convierte así en uno de los ejes centrales que destacan otras publicaciones de referencia como Azure. Desde esta perspectiva, se prioriza la renovación de edificios existentes y el uso de materiales recuperables con estructuras que puedan ser fácilmente desmontables para favorecer la reparación y el reciclaje, extendiendo la vida útil de las piezas a través de su circularidad
El trabajo y la conexión natural
Esta visión se extiende también al ámbito de las empresas y oficinas, donde el diseño es también una herramienta centrada en retener el talento a través del bienestar.
Los espacios de trabajo actuales priorizan la iluminación circadiana -imita los cambios naturales de la luz solar para sincronizar el reloj biológico- y el uso de biomateriales acústicos fabricados a partir de residuos agrícolas a modo de paneles aislantes a partir de cáñamo, coco, paja o restos de las podas vegetales para absorber el exceso de ruido.
Un estudio de la Universidad de Exeter (Reino Unido) señaló que los entornos de oficina que imitan patrones naturales mejorar la productividad hasta en un 15%, convirtiendo la sostenibilidad en un activo financiero tangible para las corporaciones modernas.
En conclusión, la decoración de 2026 marca un cambio de patrón de la prioridad estética hacia el confort natural. Ya no basta con que un espacio sea bonito, sino también armónico, más sostenible y climáticamente neutro.