Bioo trata de hacer realidad un sueño: conectar tecnología y naturaleza para regenerar el entorno y obtener energía. Fundada y dirigida por Pablo Vidarte, la compañía lleva más de una década impulsando soluciones que van más allá de la sostenibilidad y que ya se están aplicando por todo el mundo. Su objetivo es avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad, en el que edificios y espacios verdes se conviertan en infraestructuras vivas capaces de generar energía, agua y servicios a partir de procesos biológicos.
En Bioo desarrolláis tecnologías que están conectadas con la naturaleza. ¿Cómo surgió la idea inicial? ¿Qué te llevó a apostar por este proyecto?
La verdad es que Bioo surgió de la forma más estereotípica del mundo: literalmente, de un sueño. Me desperté a las tres de la mañana pensando: "Esto está tan chulo que se tiene que hacer de alguna forma". Desde ese momento, han pasado ya algo más de 11 años. Al principio, un equipo voluntario hacía prototipo tras prototipo, siempre con la misma visión: crear una empresa donde desarrollar tecnologías para las ciudades del futuro y que fueran esas innovaciones las que modelaran la ciudad biotecnológica. Como decimos nosotros, transformamos la tierra para ver las estrellas. Y ese es el objetivo: crear una revolución que nos lleve al siguiente nivel de lo que entendemos como ciudad para el ser humano.
Los sistemas que integráis en entornos urbanos parecen abrir una nueva categoría tecnológica. De forma sencilla, ¿qué hace posible que las plantas o el suelo generen energía?
Generamos energía con la tierra. Utilizamos cualquier tipo de zona natural en entornos urbanos y emplazamos unos sistemas que atraen microorganismos. Estos descomponen la materia orgánica y, en ese proceso natural, se liberan electrones e iones de hidrógeno.
Los electrones los capturamos para crear una corriente eléctrica. Los iones de hidrógeno, que son más inestables, se combinan de forma natural con el oxígeno del aire dentro del panel para crear agua. Así cerramos la reacción y conseguimos un sistema que genera energía aprovechando procesos biológicos que ya existen en la naturaleza.
Bioo combina biología, tecnología y diseño. ¿Cómo puede esta convergencia transformar ciudades y espacios urbanos?
Dentro de lo que es la línea de Bioo Lumina, estamos haciendo plantas bioluminiscentes. Es decir, conseguimos que un ser vivo, sin dañarlo, se convierta en un nuevo punto de luz en nuestras ciudades. El principal método que utilizamos es un compuesto biocompatible que se aplica directamente en la planta.
Este compuesto ayuda a la planta y se aplica a plantas nativas. No las modificamos genéticamente, ni utilizamos plantas de fuera. El compuesto absorbe la luz y la libera en la oscuridad. Puedes tener las plantas recargándose durante el día y, cuando es de noche, todo empieza a brillar. Es decir, hacemos que ese nuevo punto de luz forme parte del propio entorno urbano.
Cuando se habla de sostenibilidad, se hace referencia a la minimización de impacto, pero vuestro enfoque va más allá. ¿Cómo puede contribuir la biotecnología a regenerar ecosistemas?
Nos dirigimos precisamente a revitalizar ecosistemas. No nos conformamos con minimizar los daños, sino que hacemos que todo un ecosistema pueda vivir mejor y de una forma mucho más sostenida en el tiempo. Lo que estamos haciendo, en instalaciones por todo el mundo, es recrear entornos locales o mantener entornos locales que ya existen, pero potenciados. Se trata de una transición desde la arquitectura sostenible hacia el siguiente nivel, que es la arquitectura biotecnológica. Ya no hablamos de una sostenibilidad que evita el impacto en el entorno sino de algo que lo revitaliza.
¿Cómo se traduce esa arquitectura biotecnológica en beneficios concretos para las ciudades y las personas?
Estamos desarrollando sistemas que generan retorno: generan energía y agua, regulan la temperatura, reducen costes de mantenimiento y hacen que las plantas y las zonas verdes vivan mejor y perduren en el tiempo. Cada instalación está totalmente monitorizada: medimos el ahorro de agua, la energía generada, la absorción de CO2 y otros parámetros que nos permiten saber el impacto real de cada proyecto.
Eso es lo que traemos con la revolución biotecnológica. Incluso en tu propia casa puedes tener, por ejemplo, aires acondicionados que son básicamente biorreactores en el techo, que purifican el aire mientras te dan todos estos beneficios y regulan la temperatura. Hoy en día, un parque podría estar perfectamente alimentado con la propia tierra.
Esta tecnología hace que la inversión en sostenibilidad sea rentable económicamente. ¿Qué impacto crees que puede tener esta rentabilidad para impulsar la descarbonización en las ciudades?
A partir de nuestros reactores, de los biopaneles, se obtiene un retorno de la inversión, ya que se ahorra en climatización, en agua… Pero también por la energía que generas y por la reducción del mantenimiento. Al final, se trata de que las zonas verdes se mantengan y consigan una independencia completa, al mismo tiempo que se convierten en un activo.
Así, para las empresas ahora también se añade un motivo económico para introducir el verde en sus entornos. Cuando le añades rentabilidad, haces que realmente pueda adoptarlo toda la ciudad.
¿Qué te impulsa a seguir innovando?
Lo que más me mueve a seguir creando todo este tipo de locuras es intentar superarnos. ¿Por qué no vamos al siguiente nivel? Esa es siempre la idea. Vamos a conseguir que esto de verdad trascienda y nos haga llegar a esa siguiente revolución. Estamos hablando de la biotecnológica, pero es que incluso después de la biotecnológica, que va a ser larga, va a haber otras cuantas y queremos estar ahí.