Más de la mitad de la humanidad vive en ciudades, las proyecciones de la ONU revelan que esta proporción alcance cerca del 70% para 2050. España no es una excepción, sin embargo, el 16% de la población (alrededor de 7,5 millones de personas) reside en municipios rurales, una tendencia al alza desde 2020 donde muchas personas optan por regresar a la tierra de sus ancestros, rehabilitar viviendas y recuperar cultivos y oficios en un ritmo de vida más pausado con nuevas oportunidades. Desde el 2018, de acuerdo al INE, casi medio millón de personas han cambiado la ciudad por el campo en España como nuevos residentes en pequeños municipios. Fueron 68.800 en 2024.
El campo además sufre un envejecimiento demográfico. Hay menos gente viviendo de la agricultura o la ganadería que antes, y quienes permanecen tienden a ser de edad avanzada. Por ejemplo, en España, la edad media de los agricultores supera los 60 años, lo que evidencia la falta de relevo generacional. No obstante, hay esperanzas de revertir esta tendencia, gracias a que la modernización tecnológica del medio rural puede actuar como imán para que las nuevas generaciones vuelvan la mirada al campo.
Agricultura 4.0 para reinventar el oficio rural
Uno de los avances más llamativos es el uso de drones pastor, capaces de supervisar dehesas o pastos en pocos minutos. Estos dispositivos envían imágenes en directo, permiten localizar animales extraviados y, gracias a cámaras térmicas, detectan el calor de una res frente a la vegetación. Así, tareas que antes exigían recorrer terrenos irregulares durante horas pueden realizarse de forma más sencilla desde una tablet. Un ejemplo lo encontramos en Orihuela (Alicante), a través de un proyecto pionero de la Universidad Miguel Hernández (UMH) y que monitoriza en tiempo real 400 rebaños de caballos, ovejas, vacas y cabras.
Otra herramienta revolucionaria son los sensores inteligentes. Estos, insertados en el suelo o instalados en invernaderos, toman datos sobre la humedad, temperatura o radiación solar. Con esa información, los sistemas de riego se ajustan automáticamente y evitan pérdidas de agua. Por eso, los agricultores pueden conocer en todo momento el estado del cultivo en cada parcela, y además, las decisiones dejan de basarse únicamente en la experiencia para apoyarse en datos recopilados en tiempo real.
A esto se suma la irrupción de la inteligencia artificial y el big data al sector. En este sentido, se han desarrollado herramientas digitales que pueden analizar patrones en el crecimiento de las plantas, detectar enfermedades antes de que sean visibles o sugerir la cantidad óptima de insumos para cada etapa del cultivo.
La innovación también avanza sobre el terreno físico. Cada vez hay más tractores y robots agrícolas autónomos que realizan labores como la siembra, el deshierbe o la aplicación de fertilizantes con una precisión centimétrica gracias al guiado por GPS. Esto reduce solapes, ahorra energía y libera tiempo para otras tareas de gestión.
Estos avances en el sector primario conllevan múltiples beneficios para las explotaciones rurales y el conjunto de la sociedad. Entre ellos está el impulso de prácticas más sostenibles, ya que con esta tecnología se pueden evitan riegos excesivos, minimizar el uso de agroquímicos y contribuir a un manejo del suelo más respetuoso.
Granjas inteligentes
En España, al igual que en otros países, ya se habla de agricultura 4.0 o smart farming para referirse a esta integración de tecnologías en el mundo rural. En este sentido, diversas políticas públicas están impulsando la transición digital, por ejemplo, la Estrategia Española de Economía Circular 2030, que subraya la necesidad de desarrollar tecnologías agrosostenibles.
En consecuencia, no solo se están optimizando algunos procesos, sino que también se está redefiniendo el perfil profesional de los trabajadores rurales. Ahora, además de mano de obra física, también se valoran otros conocimientos como informática, gestión de datos, electrónica o mecanización avanzada.
Esto abre un abanico de nuevas oportunidades laborales y de emprendimiento en el medio rural, como analistas de datos agrícolas, técnicos en sistemas de riego inteligente, pilotos de drones agrarios o consultores en eficiencia agropecuaria. Apoyándose en Internet, incluso es factible que jóvenes ingenieros o emprendedores trabajen desde un pueblo ofreciendo servicios agrotecnológicos a nivel regional o global, algo impensable hace unas décadas.
En definitiva, la tecnología se ha convertido en una aliada para revitalizar el campo. Gracias a la innovación, los oficios rurales están entrando en una nueva era en la que conviven el respeto por la tierra y el uso inteligente de datos, esfuerzo físico y automatización, oficios tradicionales y nuevas oportunidades de desarrollo profesional, saber campesino y ciencia de vanguardia.