El 7% de la factura eléctrica de los hogares españoles corresponde a dispositivos que no están siendo usados, de acuerdo al informe del Instituto Energético para la Diversificación y el Ahorro (IDAE).
Es el llamado consumo vampiro o fantasma; más comúnmente conocido como el modo stand-by. Se trata del consumo energético de los aparatos que permanecen conectados a la red eléctrica esperando una orden de encendido, en alerta pero sin uso activo.
El Instituto Energético, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, sitúa el consumo medio de una vivienda en España en 3.487 kWh anuales. Y la suma del impacto de los dispositivos conectados sin uso supone de 245 kWH a 300 kWh, casi una décima parte del total. Es, por tanto, un goteo ininterrumpido que incrementa el consumo en la red sin utilidad práctica y que resta a la eficiencia energética doméstica.
El impacto del 'stand by'
Este consumo vampiro tiene impacto a nivel económico. El estudio SPAHOUSEC III del IDAE señala que el consumo vampiro en una vivienda media se puede traducir en un gasto anual de entre 150 y 250 euros anuales. Aunque la normativa europea Reglamento 1275 del 2008 ya limitaba el consumo en reposo de los equipos nuevos a 0,5W, los dispositivos más antiguos y la acumulación de periféricos acaban por elevarlo.
No todos los dispositivos impactan igual. Investigaciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE) desglosan los consumos más comunes en reposo y señalan a los decodificadores de televisión como 'pequeños vampiros'; pueden consumir de 15-20W solo por estar enchufados. Pero no son los únicos. Por ejemplo, un router WiFi y una impresora conectada y en prealerta, pueden sumar más de 50 kWh anuales.
La lista se extiende a otros dispositivos inteligentes habituales en el salón como videoconsolas o equipos de sonido con inicio rápido. En la cocina, microondas, cafeteras automáticas e incluso relojes digitales y sistemas de precalentamiento mantienen también una demanda constante de entre 2 y 4W.
Reducir el consumo vampiro: un aliado para impulsar la descarbonización
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, como herramienta estratégica del Gobierno de España para abordar la descarbonización, ya destacaba, entre sus objetivos para la presente década, que la transición energética también implica "una gestión inteligente de la demanda".
Al eliminar el consumo vampiro se optimiza la economía doméstica al tiempo que se reduce la presión sobre el sistema eléctrico nacional, en línea con las directrices de ahorro energético acumulado del propio plan, las directrices de la Comisión Europea y los objetivos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de Naciones Unidas.
Cómo acabar con el consumo vampiro
Gestos sencillos como pulsar el interruptor de una regleta de corriente son acciones clave para neutralizar este consumo. La Agencia Internacional de Energía (AIE), organizaciones de consumidores como la OCU y Administraciones públicas como la Junta de Andalucía destacan estas cuatro acciones directas contra el consumo vampiro.
- Agrupar dispositivos que se usen de forma simultánea (televisión, consola, router o decodificador...) en una misma regleta con un interruptor que permita el corte total de corriente para varios aparatos a la vez, garantizando un consumo cero real.
- Optar por enchufes inteligentes: permiten programar, incluso en remoto, el apagado total de dispositivos durante la noche o periodos de ausencia como la jornada laboral, fines de semana o vacaciones. También permite regular consumos como el de un termo eléctrico para el agua sanitaria y optimizar el consumo familiar en las horas de menor coste eléctrico.
- La desconexión manual: desenchufar de la red cargadores de móviles y equipos periféricos del ordenador (altavoces, impresoras, escáner…) cuando no son necesarios.
- Etiquetado energético: Al renovar electrodomésticos, existen opciones con modos de bajo consumo en reposo, de acuerdo con la normativa europea vigente.
En definitiva, limitar o eliminar ese consumo vampiro es, en última instancia, un ejercicio de alfabetización energética. No se trata solo de un ahorro individual, sino de un impulso colectivo para optimizar el uso de recursos, a favor de un sistema eléctrico más resiliente, sostenible y eficiente.