Isabel Moragriega, secretaria y gerente de la Fundación, nos cuenta cómo estos proyectos están impulsando el valor identitario del territorio de Calamocha (Teruel).
¿Cómo surge la iniciativa del lavadero y cuáles son sus objetivos?
El proyecto del lavadero de lana de Calamocha comenzó a desarrollarse en 2008, coincidiendo con la Expo de Zaragoza, que tenía como tema central el agua. Se enmarca dentro de un proyecto de mayor envergadura como es el del Parque Etnológico del Puente Romano, cuyo objetivo es recuperar todos aquellos elementos del patrimonio hidráulico que tuvieron importancia histórica en el pasado y contribuyeron al desarrollo económico del territorio gracias al agua.
¿Qué valor patrimonial y simbólico tiene este lavadero?
El lavadero de lanas, al igual que el resto de los elementos de su entorno, nos permite poner en valor el agua como una de las principales fuentes de riqueza de Calamocha. Intentamos que la gente mayor recuerde lo que había antes y que la gente joven valore y tome conciencia de la necesidad de mantener este patrimonio como motor social para el desarrollo turístico y cultural de nuestro territorio.
¿Cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis en su recuperación?
La recuperación de este patrimonio hidráulico supone, en primer lugar, adquirir u obtener la cesión de las propiedades que queremos restaurar. Después, comenzamos a rescatar ese legado a partir de documentos históricos en los que se recoge cómo funcionaban estos edificios, y nos permiten comprender la importancia que tenían en aquel momento. El siguiente paso es dar a estos elementos patrimoniales un aspecto lo más parecido posible al que tenían en su origen. No se trata de hacer algo nuevo, sino de restaurar y conservar aquel patrimonio tal y como lo conocieron nuestros antepasados.
¿De qué forma encaja el proyecto del lavadero con las líneas de actuación de vuestra fundación?
La Fundación San Roque es una entidad sin ánimo de lucro que tiene como finalidad recuperar el patrimonio, tanto histórico como cultural y natural de nuestro entorno. Para ello, desarrollamos diversas líneas de actuación, como la recuperación de senderos naturales y otros elementos patrimoniales como bienes inmuebles o documentos históricos, que sirvieron para el desarrollo de la localidad y que los propios calamochinos nos piden que sigamos trabajando en su recuperación, como es el caso del lavadero.
En estos momentos estamos trabajando también en la recuperación del antiguo convento de San Miguel Arcángel, que pertenecía a las hermanas franciscanas concepcionistas de Calamocha, y que estuvo en funcionamiento desde el año 1690 hasta el 2013. Nuestro objetivo es convertir el edificio en un centro cívico y social en el que los calamochinos puedan recordar esa rica historia y construir un nuevo futuro.
Calamocha y su lavadero de lanas forman parte de una de las rutas del proyecto Caminos de Futuro, impulsado por Moeve, una iniciativa que pone en valor a las personas, las historias y el patrimonio del territorio. ¿Qué mensaje trasladarías a las personas que vayan a recorrerlas?
Les diría que disfruten de la calma, de la tranquilidad, del sosiego, del silencio de este espacio natural; que vivan el sonido del agua, el canto de los pájaros… Y, sobre todo, que disfruten de este patrimonio de Calamocha que nos traslada al pasado y nos ayuda a conocer cómo vivían y trabajaban nuestros antepasados. En el martinete de cobre, en el lavadero de lanas, en el molino… Y todo basado en el agua.
La colaboración con otras entidades forma parte de vuestra manera de actuar. ¿También en este caso? ¿Cómo se ha articulado esa colaboración en la recuperación del lavadero?
Lo primero es dar las gracias a los particulares que generosamente han cedido parte de los bienes y nos han proporcionado la posibilidad de acceder a ellos. Además, colaboramos con entidades de distintos ámbitos, como asociaciones culturales, religiosas, de mujeres o de amas de casa, y con centros de estudios locales, como el centro de estudios del Jiloca. También, por supuesto, trabajamos estrechamente con el Ayuntamiento de Calamocha, que es una parte importante de la Fundación San Roque y que, junto con otras entidades a nivel de Diputación Provincial y Diputación General de Aragón, nos proporciona la posibilidad económica de sacar adelante estos proyectos a través de distintas subvenciones.
Conservación e innovación son dos de vuestras señas de identidad. ¿Son conceptos compatibles? ¿De qué forma conviven en el proyecto del lavadero de Calamocha?
Nuestra misión principal es recuperar ese patrimonio y conservarlo para que todo el mundo, y en especial las generaciones venideras, puedan disfrutar de él. Pero también es necesario innovar, introducir elementos como códigos QR, páginas web, vídeos o contenidos en redes sociales como Facebook e Instagram que nos permitan llegar hasta esas generaciones, que se mueven a través de los medios digitales. En esta fase del proyecto del lavadero de Calamocha, estamos trabajando para incorporar elementos como representaciones 3D, hologramas y desarrollos de inteligencia artificial para recrear digitalmente cómo se trabajaba la lana en el lavadero.
¿La recuperación del patrimonio local puede contribuir a revitalizar una comunidad? ¿De qué forma?
Intentamos involucrar a toda la comunidad para que participe en las distintas actividades, talleres y juegos que realizamos en los espacios que forman el parque etnológico. Por ejemplo, en Calamocha tenemos una escuela de teatro muy importante y activa con la que organizamos pequeñas representaciones teatrales en las que los actores encarnan a antiguos personajes y oficios. Las propias personas que participan en estas representaciones ejercen también como guías que muestran el patrimonio y su historia asociada a los visitantes, tanto a los que son de aquí y conocen el territorio, como a los que vienen de fuera.
A nivel colectivo, ¿qué es lo que os mueve de un proyecto y qué os gustaría destacar de éste en particular a presente y a futuro?
Lo que nos mueve es la emoción de intentar recuperar un patrimonio que estaba perdido, que está en el origen de nuestro territorio y fue el motor económico de la comarca en la Edad Media y también en épocas posteriores. Pero, sobre todo, a lo que aspiramos es a ponerlo en valor no solamente como algo del pasado, sino como un futuro motor de desarrollo económico, turístico y cultural para las nuevas generaciones.