Las playas son mucho más que un destino para escapar del calor. Constituyen ecosistemas dinámicos en los que arena, mar, viento, corrientes y biodiversidad mantienen un equilibrio en constante transformación.
Boyas inteligentes que analizan la calidad del agua, cámaras y sensores de presencia que calculan el aforo, estaciones meteorológicas que miden desde la radiación ultravioleta hasta la velocidad del viento o caudalímetros que controlan el consumo de las duchas son algunas de las tecnologías que ya pueden encontrarse en las llamadas playas inteligentes. Gracias a estas herramientas, las Administraciones, como la Asociación de Municipios Turísticos de Canarias (AMTC), que está detrás de Canary Green y de su uso de las mencionadas boyas, disponen de información más completa sobre el estado de las playas y pueden planificar actuaciones adaptadas a las necesidades de cada entorno.
La innovación se pone así al servicio de la conservación con aplicaciones concretas, desde detectar una alteración en la calidad del agua hasta conocer cuándo una playa se acerca a su capacidad máxima o ajustar el consumo hídrico de sus instalaciones. El objetivo, por tanto, es comprender mejor el funcionamiento de estos espacios naturales y gestionar de forma más eficiente los recursos disponibles a través de la digitalización.
Algoritmos en la arena
En esa línea, una investigación publicada en 2024 en Journal of Geophysical Research: Machine Learning and Computation demostró que la combinación de imágenes de satélite, datos de oleaje e IA permite predecir con rigor la evolución de la línea de costa, facilitando la planificación de actuaciones de adaptación con mayor margen de maniobra.
España cuenta ya con diferentes iniciativas que avanzan en esta dirección. De nuevo, en las Islas Canarias, la Consejería de Turismo y Empleo impulsa distintos proyectos orientados a incorporar la innovación tecnológica a la gestión del litoral. Entre ellos, figura el desarrollo de un sistema de monitorización y predicción para estudiar la evolución de playas y dunas arenosas, además de facilitar una planificación más eficaz frente a fenómenos como la erosión.
A través de estas herramientas es posible disponer de información continua sobre el estado de los arenales y comprender mejor cómo influyen los temporales, las corrientes o la actividad humana en su evolución. El conocimiento obtenido permite, por ejemplo, reforzar la protección de una duna especialmente vulnerable, regenerar un tramo de playa afectado por la erosión o restringir temporalmente el acceso a determinadas zonas para favorecer su recuperación.
En la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, el proyecto Smart Beach utiliza sensores volumétricos que indican cuándo es necesario vaciar las papeleras, caudalímetros que controlan el consumo de agua en duchas y lavapiés, dispositivos que contabilizan la afluencia y estaciones meteorológicas. Los datos permiten, por ejemplo, optimizar las rutas de recogida de residuos, ajustar los servicios de limpieza o adaptar los recursos de salvamento y socorrismo a las necesidades de cada momento.
En la península, plataformas de gestión como la plataforma DTI de Benidorm, que integra datos procedentes de sistemas de medición de afluencia, boyas, sensores ambientales o monitorización de consumos hídricos, facilitan el seguimiento de la ocupación de playas y el estado de distintos servicios. Esta información puede utilizarse tanto para la gestión municipal como para informar a los visitantes mediante aplicaciones o pantallas digitales, ayudando a distribuir mejor los flujos y a tomar decisiones basadas en datos.
Playas con gemelo digital
Benidorm Smart Beach usa un gemelo digital del litoral para simular su gestión y sistemas orientados al ahorro de agua y energía, las alertas climáticas y el control de residuos. De este modo, cuenta con sensores ambientales que miden la temperatura, la humedad, la afluencia y la calidad del agua.
Un planteamiento similar puede encontrarse en Baleares. Allí, el Govern, a través de la Agència d'Estratègia Turística de les Illes Balears (AETIB), impulsa un proyecto de Gemelo Digital que crea una réplica virtual del territorio alimentada con datos procedentes de sensores, información meteorológica, datos de movilidad y otras fuentes. La plataforma, en la que se ha invertido 4,6 millones de euros, combina toda esa información con inteligencia artificial y herramientas de análisis para conocer qué sucede en el litoral en tiempo real, anticipar tendencias y simular diferentes escenarios para optimizar la toma de decisiones.
Este tipo de iniciativas encuentra respaldo en investigaciones desarrolladas en el propio archipiélago, como un estudio realizado en la playa de Son Bou (Menorca), que concluyó que la combinación de modelos numéricos permite anticipar la erosión de playas y dunas y mejorar la planificación frente a la subida del nivel del mar.
Así, las playas inteligentes representan una nueva forma de cuidar el litoral, basada en el conocimiento continuo del territorio y en el uso de los datos para tomar mejores decisiones. La tecnología no sustituye a la conservación, sino que la refuerza, ayudando a proteger estos ecosistemas, optimizando su gestión y favoreciendo un equilibrio duradero para la preservación de estos espacios naturales.