El camino hacia la economía circular no solamente consiste en gestionar los residuos de forma más eficiente, sino también tratar de evitar que se produzcan. Y eso pasa por el ecodiseño como filosofía. Dicho de otro modo, sería como fabricar para reciclar o idear los productos desde su origen pensando en su desmontaje final para dar paso a nuevos usos reduciendo la huella ambiental y energética.
La Comisión Europea ha señalado, en sucesivos informes, que el 80% del impacto ambiental de un objeto deriva de su fase inicial e insta a repensar el diseño desde una filosofía eco. Esta premisa toma forma legal en el Reglamento (UE) 2024/1781 de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo, y que dota de fuerza jurídica a esta nueva política industrial.
En síntesis, exige que casi cualquier bien físico comercializado en Europa cuente con un "Pasaporte Digital de Producto" (PDP) que requiere a los fabricantes a ser transparentes en la composición y a detallar las instrucciones exactas para que la mayor parte de los componentes puedan ser desmontados de forma sencilla y eficiente.
Implica, entre otras cosas, eliminar adhesivos complejos y mezclas de plásticos desde la concepción o el primer boceto para componer productos que se separan, se desmontan, se reutilizan y se reciclan con facilidad -en materias primas secundarias de alta calidad- apostando por materiales renovables como el corcho, que favorecen diseños más sostenibles.
Transformar residuos en nuevos productos a través del ecodiseño forma parte de la filosofía del upcycling, que ya ha penetrado en sectores industriales como el calzado o las plantas de energía solar.
Cuatro ejemplos de ecodiseño a escala industrial:
- 1. El auge de los envases monomateriales. Uno de los ejemplos más comunes de esta filosofía industrial está en los envases en los que transportamos los productos desde el supermercado a casa. Tradicionalmente, los paquetes de alimentación o cosmética combinaban múltiples capas de polímeros y aluminios soldados con colas químicas indisolubles. Organizaciones como Ecoembes destacan que en la actualidad, estos ya son soluciones monomateriales (como polietileno de alta densidad unificado) y uniones puramente mecánicas, facilitando que el consumidor final los separe sin herramientas ni conocimientos técnicos previos.
- 2. Electrónica modular fácil de arreglar. Firmas como Fairphone ya han probado que otras fórmulas son posibles con teléfonos y ordenadores modulares de fácil reparación. ¿Qué tienen de particular? Prescinden de los adhesivos industriales internos y se ensamblan mediante clips a presión y tornillos estándar, permitiendo sustituir módulos de batería o cámaras en minutos y simplificando la recuperación de metales preciosos al final de su ciclo.
En el ámbito normativo, el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC), actualiza con frecuencia el nuevo Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR). En sus informes sobre eficiencia de materiales (Material Efficiency), subrayan cómo estandarizar monomateriales y eliminar ciertos adhesivos reduce los costes de las plantas de reciclaje de residuos electrónicos (WEEE) y envases en toda la Unión Europea.
- 3. Mobiliario reversible. El Diseño de Desensamblaje o Design for Disassembly o DfD, en sus siglas en inglés, ya es un estándar operativo que rige en el diseño de interiores y equipamiento corporativo. Las grandes empresas de mobiliario y decoración como Ikea han adaptado sus manuales a criterios ambientales y de sostenibilidad que suprimen la imprimación de las colas permanentes en favor de herrajes que se encajan y las uniones entre extremos que aplican la fuerza de la gravedad.
Esta concepción más abierta alarga la vida útil del producto, ya que favorece el desmontaje por piezas tanto para su reparación como para nuevos usos. Además, implica que el gestor de residuos acceda con facilidad a separar sus componentes desde la madera, al metal y al textil, como materias secundarias para nuevos productos sin necesidad de generar otras.
- 4. Coches circulares: el automóvil reciclable. El sector del automóvil es otro buen ejemplo de que el ecodiseño ya es una realidad industrial consolidada a gran escala. Las normativas de responsabilidad ampliada del productor requieren que el 95% del peso de un vehículo sea recuperable. Por ello, los salpicaderos, cableados y paneles de las puertas se diseñan para ser extraídos mediante herramientas automatizadas en los centros autorizados de tratamiento, asegurando que los plásticos técnicos regresen a la cadena de valor sin perder sus propiedades.
Uno de los pioneros ha sido Renault. El fabricante francés aplica el ecodiseño a gran escala a través de su factoría de economía circular en Flins. Un ejemplo es el Renault Scenic E-Tech 100% eléctrico y con el 90% de su masa total reciclable industrialmente. El tejido de los asientos es de fibras recicladas de cinturones de seguridad en desuso, y otros elementos como puertas y capó se nutren de un 80% de aluminio reciclado de circuito cerrado.
En definitiva, el ecodiseño circular prueba que la sostenibilidad empieza con el primer boceto, con aplicar la sencillez constructiva donde nada sobra y todo se recupera. La nueva política industrial se encamina hacia objetos que son útiles y eficientes cuando funcionan, pero también por la facilidad con la que pueden desmontarse y desaparecer para transformarse en algo nuevo.