Siglo XXI. El mobiliario urbano ha dejado de ser un utensilio para lograr un fin para convertirse en una herramienta al servicio de una ciudad, y también del planeta. Dicho de otro modo, la farola ha pasado de ser un punto o poste fijo de luz dentro del entramado urbano del alumbrado público para ser una pieza clave en la estructura de una smart city que suma en eficiencia energética.
Detrás de esta innovación clave para el ahorro energético de las urbes está el avance de las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial (IA). Gracias a la integración de sensores IoT de última generación, conectividad avanzada y algoritmos de gestión remota, estas estructuras optimizan los recursos públicos y redefinen la sostenibilidad urbana. Así es que una farola también puede ser un punto de acceso WIFI, una mini estación meteorológica para la recogida de datos en tiempo real o un sensor para la gestión del tráfico.
De faroles de aceite a farolas IA
¿Cómo se produce esta transformación? París, 1667. La llamada Ciudad de la Luz estrenó el primer alumbrado urbano en el siglo XVII con 2.700 faroles de aceite por orden del rey Luis XIV que buscaban frenar los robos nocturnos y ofrecer seguridad a los viandantes. Fue el precedente del alumbrado público en las ciudades europeas que pasaron a emplear el gas en el siglo XIX hasta evolucionar a las farolas tal y como hoy las conocemos en nuestros barrios y avenidas.
Tradicionalmente, las farolas permanecían encendidas al 100% de su capacidad durante toda la noche en los espacios urbanos más densamente poblados, consumiendo electricidad y energía de más, incluso al alba. El cambio de paradigma pasa por una farola inteligente que invierte esta tendencia mediante la iluminación adaptativa; esto es, es capaz de regular su intensidad gracias a sensores de presencia en tiempo real.
Al sustituir las viejas lámparas de vapor de sodio por tecnología LED y telegestión, el sistema reduce su brillo al mínimo cuando la calle está vacía y se activa por completo solo al detectar peatones o vehículos. De acuerdo con informes sectoriales publicados en el Smart Cities Marketplace de la Comisión Europea, esta combinación reduce el gasto eléctrico inicial entre un 50% y un 70%.
La Red Española de Ciudades Inteligentes
La Red Española de Ciudades Inteligentes, (RECI) se creó para impulsar la monitorización y telegestión del alumbrado público como eje central de una estrategia global para la eficiencia energética urbana.
La red permite el control remoto punto a punto, la regulación lumínica mediante sensores y el mantenimiento predictivo de los puntos de luz, anticipando averías o disfunciones en los cuadros eléctricos para repararlos de forma ágil y optimizar su rendimiento.
RECI, que celebra su próximo foro en Málaga del 15 al 16 de septiembre, monitoriza el impacto de estas tecnologías eficientes en más de 150 municipios de la geografía española con una gran ventaja adicional, y es que las torretas de luz también sirven como nodos de comunicación para otros servicios de la ciudad. Por su altura, distribución uniforme y su acceso continuo a la corriente eléctrica, los postes de luz sirven como plataformas para expandir la infraestructura digital de las ciudades con el despliegue del 5G y las redes IoT de banda estrecha (NB-IoT).
Un ejemplo de todo ello sería Barcelona, que implementó un SmartLighting para que el 50% de su alumbrado fuera LED antes del 2028. La urbe trabaja integrando en su mobiliario urbano luminarias inalámbricas y tecnologías multi-columnas automáticas. Aprovechar las farolas con otra función evita la saturación de cables en edificios y fachadas y ahorra zanjas y obras especialmente farragosas en los cascos históricos.
Otro modelo es Valencia, que ha renovado su alumbrado con una plataforma de telegestión inteligente de la firma Schréder que mide el consumo en tiempo real y modera la contaminación lumínica. También Gijón, que recientemente ha transformado por completo su red lumínica en una infraestructura multiservicio centralizada integrando el IoT en cada rincón de la ciudad cantábrica.
Una estación meteorológica en cada calle
Otra funcionalidad menos conocida de las farolas inteligentes es su versatilidad para alojar pequeños módulos de medición ambiental con sensores situados a una altura óptima de entre tres y cuatro metros que registran datos como la humedad o las precipitaciones.
También sirven como puntos de toma de muestras para colocar sensores y recabar datos en tiempo real con los que alimentar las aplicaciones móviles de navegación de los conductores, agilizando el flujo vehicular y la búsqueda de aparcamiento para optimizar la mejora del tráfico rodado con sensores que indican, desde una app, si la plaza está libre u ocupada.
En Europa, los proyectos impulsados bajo las directrices del Pacto Verde Europeo, ya promueven que los planificadores urbanos utilicen las farolas inteligentes como recursos operativos para la digitalización y la obtención de datos analíticos para optimizar la gestión diaria de las smart cities.
En definitiva, la evolución de la iluminación pública hacia sistemas conectados y automatizados marca un antes y un después en la gestión urbana. Las farolas inteligentes despegan como plataformas versátiles destinadas a optimizar los recursos energéticos y convertirse en puntos de conexión de redes digitales. Son, sobre todo, piezas clave y aliadas de las smart cities para impulsar la eficiencia urbana.