¿Puede el arte revitalizar un pueblo? La localidad malagueña de Genalguacil llegó a perder el 70% de su población; hoy es un referente mundial de innovación rural. A través de sus célebres ‘Encuentros de Arte’, sus calles se han transformado en un museo vivo que genera empleo, reduce el éxodo juvenil y atrae miradas internacionales
El pueblo malacitano de Genalguacil pasó de los 1.500 habitantes en los años cincuenta a los apenas 400 de hoy en día. Para combatir esa tendencia, en 1994 comenzó a impulsar unos encuentros de artesanos y artistas que creaban sus piezas convirtiendo sus calles en un museo al aire libre. Más de 30 años después, esta iniciativa no solo ha frenado la despoblación, sino que ha servido de ejemplo a municipios aledaños, ha generado progreso económico en la zona y numerosas sinergias con instituciones públicas y privadas de dentro y fuera de nuestras fronteras. El alcalde de Genalguacil, Miguel Ángel Herrera Gutiérrez, nos lo explica.
¿Cómo fueron aquellos primeros encuentros entre vecinos y artistas hasta llegar a convertir a Genalguacil en Pueblo Museo?
Genalguacil es un pequeño pueblo del Valle del Genal, en Málaga, una de las más afectadas por el despoblamiento en Andalucía. En el año 1994 tuvimos que buscar una fórmula para combatir la despoblación, y se crearon unos encuentros de arte que pretendían atraer a artistas y artesanos para convivir con el pueblo y desarrollar una obra que luego se quedase como parte del patrimonio de Genalguacil. Yo entré en la alcaldía en el año 2011, con un equipo que decidió aprovechar ese impulso, ese germen de iniciativa cultural, y apostamos por exponerla y amplificarla en un contexto totalmente profesional, donde el arte y la cultura se convierten en pilares fundamentales para el desarrollo de nuestro pueblo.
¿En qué momento esa modesta cita de diferentes artistas cuaja como un modelo a medio plazo para estimular la población rural? ¿La recuperación de población ha sido efectiva?
Cuando entramos en la alcaldía, en 2011, uno de los retos a los que nos encontramos es que estábamos a punto de perder el colegio. A través del desarrollo de varios proyectos, como el impulso del propio Museo de Arte Contemporáneo o la ampliación del Museo al Aire Libre, vimos cómo tanto artesanos como artistas se instalaron en nuestro pueblo, reactivando la población, lo que permitió generar iniciativas económicas, como bares y restaurantes. Dos años más tarde, pudimos recuperar un profesor. A día de hoy, contamos con más niños en el colegio. Este ejemplo ilustra a la perfección cómo el arte y la cultura tiene un impacto real en el mundo rural.
¿Qué impacto ha tenido y cómo se ha transformado Genalguacil a partir de convertirse en uno de los epicentros nacionales del arte?
Para nosotros era muy importante movilizar a profesionales del sector del arte y la cultura para que apoyaran y le dieran fuerza al proyecto. Si tuviera que ilustrar lo más importante que ha sucedido en Genalguacil desde 2011 hasta ahora, lo resumiría en una palabra: esperanza.
El gran cambio ha sido pasar de una inercia que llevaba al pueblo a la despoblación a la esperanza, que ha traído oportunidades de emprendimiento y ha generado nichos de mercado en el arte y la artesanía. Nuestro ejemplo se ha implementado en otros territorios y proyectos, como Horizonte Europe, desarrollado con la Comisión Europea. Genalguacil ha pasado de ser un lugar sin esperanza a uno donde se generan diferentes impulsos no solo relacionados con el emprendimiento, sino vinculados a personas que vienen del mundo del arte y la cultura.
Aunque, a día de hoy, es el único Pueblo Museo del mundo, ¿puede el ejemplo de Genalguacil erigirse en un modelo que sirva a otros pueblos de otras regiones para mejorar e impulsar su desarrollo?
Sin duda. Otra de las cosas de las estamos muy orgullosos es cómo Genalguacil ha sido ejemplo y punta de lanza para otros pueblos, que ya están generando programas de residencias artísticas, pequeñas salas de exposiciones… Especialmente para los otros 15 municipios del Valle del Genal, ya que han impulsado iniciativas culturales vinculadas al territorio, lo que repercute en la sostenibilidad de los municipios y nos permite poder seguir viviendo aquí, colaborando entre todos. El propio valle del Genal se ha convertido en un foco de atracción para muchas personas.
A día de hoy es un proyecto que se puede replicar porque tiene una metodología muy sencilla, que se resume en contar con la participación de los vecinos y vecinas, implicados en cocrear programas de investigación artística. El vínculo entre vecinos y artistas ha sido clave.
¿De qué manera se articulan tradición, arte, cultura y naturaleza para generar un impacto económico en la zona?
Estos cuatro pilares (tradición, arte, cultura y naturaleza) siempre tratamos de implementarlos en todos los programas que se desarrollan en nuestro municipio. Por ejemplo, en los programas de investigación artística, con los artistas conviviendo con los vecinos, se ve la importancia de la tradición, de trabajar en comunidad. En muchos de esos casos hemos recuperado parte de la memoria (la minería que había en Genalguacil, la importancia del patrimonio de la cal para blanquear nuestras casas); también la naturaleza nos ha servido para narrar nuestra historia. Poner en valor esos cuatro pilares tiene que ver también con productos de kilómetro cero que se venden en el Museo de Arte Contemporáneo, y que generan iniciativas empresariales en las que participan los vecinos. Además, muchas personas interesadas en el arte y cultura se han afincado aquí al ver a Genalguacil como un escaparate para poder vender sus productos.
¿Cómo están respondiendo los vecinos a esta iniciativa ya consolidada?
Que el proyecto de Genalguacil Pueblo Museo haya perdurado más de 30 años ha sido gracias a que, desde 1994, los propios vecinos fueron quienes participaban en los procesos de creación de los artistas. Esto ha fortalecido el vínculo entre artistas y vecinos. De hecho, las exposiciones que se generan para el Museo de Arte Contemporáneo están pensadas para que el propio vecino, cuando entra en la sala del museo, se pueda reconocer. Tiene un valor muy importante para la propia comunidad.
Entre las propuestas que concursan cada año en el Encuentro de Arte, participan artistas nacionales pero también de Estados Unidos, Alemania, Argentina, Italia, México, Perú, Grecia, Venezuela, India y Suecia. ¿Cuál es el criterio para la selección?
La residencia de los encuentros de arte de Genalguacil se crea mediante convocatoria pública, a la que este 2026 se han presentado más de cien propuestas. Tenemos un jurado de prestigio que va cambiando anualmente, que selecciona los proyectos que participarán cada convocatoria; a la par, desarrollamos otras iniciativas como convenios que tenemos con instituciones, como la que tenemos con el gobierno de Taiwán, con la Escuela de Arte de Glasgow, con la universidad de Noruega, NTNU, hemos tenido residentes de la Academia de Bellas Artes de Viena… Genalguacil se ha convertido en ese escaparate donde tanto instituciones públicas como privadas quieren venir a acompañarnos y participar en nuestro pueblo.
¿Se establece algún tipo de sinergia con los Gobiernos de los países participantes?
Con el Gobierno de Taiwán, con el que hemos colaborado ya por segunda vez, tenemos una muy buena relación. Financia los proyectos de Genalguacil, e intentamos que sea un proyecto equilibrado de colaboración que se adapte a las necesidades del pueblo, es decir, que el artista no venga con un proyecto ya predeterminado sino que se cocree con los vecinos. Para nosotros lo más importante es que los diferentes Gobiernos entiendan que esa es una de las premisas más importantes, que redunda en la propia experiencia del artista y la enriquece.
32 años después de la primera edición de estos Encuentros de Arte, ¿qué valoración hace de ellos?
Después de tantos años de navegar en solitario, es muy reconfortante haber cambiado la narrativa. En 2011 nos decían que no podíamos tener un Museo de Arte Contemporáneo, que sería imposible hacer residencias artísticas o destacar en ese mundo. Pero, hoy en día, Genalguacil es uno de los pueblos ejemplo en la innovación rural, y no solo en España. Trabajamos con algunos proyectos europeos, hemos creado un laboratorio de innovación rural (LAB Genalguacil) y tenemos un stand en ARCO, y seguimos luchando por nuestros sueños. Me gusta decir que hay que apartarse de los incineradores de sueños. El arte y la cultura han conseguido que nuestro pueblo haga realidad el sueño de muchos que, como yo, soñábamos con regresar a él.