El fenómeno de las auroras boreales, explicado muy sencillamente, se produce cuando partículas de viento solar colisionan con la atmósfera terrestre y en esa colisión, especialmente el oxígeno y nitrógeno liberan energía en forma de luz, dando lugar a espectaculares cortinas luminosas que se mueven y cambian de color en el cielo nocturno.
Como no responde a un calendario, no se puede especificar qué día del mes va a haber una aurora boreal con un 100% de certeza. Sí que hay épocas más favorables: habitualmente entre los meses de septiembre y abril en el hemisferio norte —y cuanto más al norte, mejor—, cuando más horas de oscuridad hay y las condiciones de observación suelen ser más estables. No es que no haya en verano, sino que el cielo suele estar más iluminado y, por tanto, se ven peor.
Otro factor a tener en cuenta es la proximidad con el máximo solar: el Sol tiene ciclos de actividad de aproximadamente 11 años, durante los cuales alterna con fases más tranquilas y más activas. Estas últimas serían los momentos de máximo solar, como el que se vivió entre 2024 y 2025 y que dejó imágenes de auroras que llegaron a ser visibles en España. Un pico de actividad que suele dar efectos más intensos, como tormentas geomagnéticas más pronunciadas que mandan a la Tierra más de esas partículas que forman las auroras. Consecuencia: una mayor frecuencia y posibilidad de observar este fenómeno fuera de las regiones más habituales.
Prediciendo las luces del norte
Pero, aunque no haya un día concreto marcado, las auroras boreales sí pueden predecirse en cierta medida. Como explican desde el Centro de Predicción del Clima Espacial de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, hay distintas escalas de tiempo en las que funciona esta predicción. A corto plazo —menos de una hora— se pueden anticipar con bastante precisión, midiendo el viento solar y el campo magnético de la Tierra mediante satélites situados a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección al Sol.
¿Por qué es interesante conocer cuándo van a producirse estos fenómenos? Detrás de la belleza de una aurora boreal se esconde información interesante para el ser humano. Este acontecimiento es la manifestación visible de una actividad solar intensa, que puede llegar a afectar distintos sistemas, que van desde los equipos de telecomunicaciones o de navegación por satélite hasta las comunicaciones terrestres, las redes eléctricas y ferroviarias o los gasoductos, como recuerdan desde la Agencia Espacial Europea.
Este efecto puede tener consecuencias extremas, como la tormenta solar de 1859, conocida como ‘evento de Carrington’, que llevó auroras boreales hasta latitudes tan bajas como Cuba. Investigar este fenómeno aporta más que aprender a lidiar con cómo puede interferir en los sistemas tecnológicos o de comunicación. Sirve, por ejemplo, para profundizar en otros fenómenos atmosféricos y magnéticos del sistema solar —hay auroras en otros planetas, como Júpiter o Saturno— e incluso en otras regiones del universo. Incentiva la investigación básica sobre la física de plasma —en los fundamentos mismos de la física—. Y puede ayudar también en la planificación de misiones satelitales. Además, favorece la cooperación científica internacional y el desarrollo de nuevas herramientas e instrumentos de observación y medición.
También, muy importante, incentiva la colaboración ciudadana con proyectos como Aurorasaurus que se basan en la participación de personas de todo el mundo para reportar avistamientos. Todo esto, sin duda, impacta en el auge del turismo vinculado a esta experiencia.
Viajar para ver las luces del Norte
Esta nueva modalidad de turismo ha crecido significativamente en las últimas décadas y se prevé que movilice 1.647,9 millones de dólares en 2030. Supone un importante vector de atracción a territorios como Canadá, Noruega o Finlandia: la búsqueda de alojamientos en Laponia ha subido un 370% y la ciudad de Tromsø ha puesto en marcha la ampliación de su aeropuerto por la gran cantidad de visitantes que recibe.
El turismo asociado a este fenómeno actúa como un factor dinamizador para estas regiones, con propuestas que van desde safaris en autobús, trineo o cenas a bordo de cruceros, hasta noches completas durmiendo bajo cielos teñidos de verde. La oferta de actividades es amplia y las ciudades que reciben a los entusiastas de las auroras boreales despliegan además propuestas culturales y educativas para que los visitantes aprovechen al máximo su estancia. Por ejemplo, la compañía Brim Explorer organiza a diario excursiones en embarcaciones eléctricas para avistar ballenas y orcas, y el esquí o los cruceros por los fiordos completan una experiencia marcada por el contacto directo con la naturaleza.
Las auroras boreales se han convertido en algo más que un hermoso espectáculo: las cifras y tendencias turísticas asociadas a su aparición en el cielo revelan un interés genuino por la naturaleza y la ciencia. Por ello, seguirán siendo un foco de atracción para visitantes y estudiosos del fenómeno, que siempre encuentran algo nuevo por descubrir.