Mares y océanos de agua salada cubren más del 70% de la superficie del planeta, al que prestan su color azul. Más allá de su riqueza y biodiversidad, son el principal sistema de soporte vital de la tierra. ¿Por qué? Esta ingente masa líquida interconectada funciona como un gran termostato global que distribuye el calor y absorbe gases esenciales para mantener el equilibrio atmosférico.
¿Y cómo funciona este fenómeno? A diferencia de la tierra firme, el agua tiene una capacidad calorífica excepcionalmente alta. Esto significa que los océanos pueden ‘tragarse’ grandes cantidades de energía solar sin que su temperatura aumente drásticamente. De acuerdo a los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), que es una de las instituciones de referencia, los mares y océanos absorben aproximadamente el 90% del exceso de calor del sistema climático, tal y como recoge la ONU. Tiene, además, otra particularidad, y es que la circulación termohalina, conocida como la cinta transportadora oceánica, actúa como un inmenso sistema de calefacción y refrigeración global.
En este sentido, la famosa corriente del Golfo es la encargada de transportar el agua cálida del trópico hasta el Atlántico Norte, alcanzando directamente nuestro país y suavizando el clima de Europa Occidental. Esto permite unas estaciones más templadas que en otras regiones de la misma latitud ubicadas en otras zonas del planeta.
El mar, almacén natural
Otra de las claves que explican por qué los océanos son cruciales para el equilibrio climático reside en su capacidad para procesar el CO2. Mares y océanos funcionan como ‘sumideros’ naturales para gestionar de forma automática el calor y el exceso de dióxido de carbono del planeta. Tienen la capacidad de ir absorbiendo “cerca del 25% de las emisiones anuales de dióxido de carbono”.
Investigadores de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, concluyeron que una serie de procesos biológicos y químicos dentro de la masa líquida son los que permiten que el carbono sea transportado a las profundidades, donde queda almacenado de forma segura durante siglos. ¿Y cuánto CO2 son capaces de almacenar? Copernicus estima que la absorción oceánica alcanzó las 66,3 millones de toneladas entre 1985 y 2023.
El pulmón azul
Y el tercer pilar de la función oceánica reside en la producción de oxígeno. A menudo, se atribuye esta capacidad exclusivamente a los bosques terrestres, con especial incidencia en el ‘pulmón verde’ del Amazonas, pero aquí el ecosistema marino tiene mucho que decir ya que su función es igualmente relevante.
Un estudio publicado en la revista Nature, The power of Plankton destacó cómo los microorganismos marinos son fundamentales para la producción de O2, los dos átomos de oxígeno unidos por un enlace covalente. Exponía, la investigación, como esos organismos fotosintéticos son la base de la cadena trófica y del ciclo del carbono. En este sentido, se estima que el fitoplancton marino genera entre el 50% y el 80% del oxígeno que respiramos. También las algas juegan su rol a favor del equilibrio natural, como recogió en 2024 la editorial Springer, líder en literatura científica.
En la misma línea de poner en valor la capacidad de regeneración de los océanos y su papel como garante del clima global, desde la Universidad norteamericana de Stanford apuntan que la restauración de ecosistemas marinos, como los manglares y los arrecifes de coral, no solo protege las costas de fenómenos naturales, sino que refuerza la capacidad del océano para seguir contribuyendo a la descarbonización.