La transición energética suele asociarse a la electricidad renovable, a los parques eólicos o a los paneles solares. Sin duda, la electrificación es una palanca clave en el avance de Europa hacia el Net Zero, pero descarbonizar la economía implica también transformar otros sectores difíciles de electrificar, como la industria intensiva y el transporte aéreo, marítimo y pesado por carretera. En ese camino, las moléculas verdes, como el hidrógeno renovable y sus derivados, o los biocombustibles de segunda generación, como el biometano, están emergiendo como una de las alternativas más prometedoras.
En el caso del biometano, este gas renovable comparte prácticamente las mismas características que el gas natural, pero con una diferencia fundamental: se obtiene a partir de residuos orgánicos. Restos agrícolas, ganaderos, urbanos o industriales dejan de ser un desecho para convertirse en una fuente de energía que promueve la economía circular.
Su potencial es tal que la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) lo considera la opción más madura para acelerar la descarbonización del mercado gasista europeo durante la próxima década.
Cómo se produce
El biometano es un gas renovable que se obtiene a partir del biogás. Este último se genera mediante un proceso natural llamado ‘digestión anaerobia’ o biometanización, en el que microorganismos descomponen materia orgánica por ausencia de oxígeno.
Una vez producido este biogás, es sometido a un proceso de depuración -conocido como ‘upgrading’- que sirve para eliminar impurezas y aumentar la concentración de metano. El resultado, al depurarse, da lugar a un combustible con una calidad equivalente a la del gas natural, al ser químicamente casi idénticos, lo que permite utilizarlo prácticamente de la misma forma.
Esta característica supone una de sus principales ventajas: puede integrarse en las redes gasistas existentes sin necesidad de desarrollar nuevas infraestructuras, permitiendo así aprovechar la red ya disponible y acelerar su incorporación al sistema energético.
Una oportunidad para descarbonizar sin empezar de cero
Esta posibilidad convierte al biometano en una solución especialmente atractiva para acelerar la transición energética, pues su nivel de desarrollo hace que muchos expertos ya lo consideren una de las alternativas más accesibles para descarbonizar el uso del gas.
Según ACER, la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (European Union Agency for the Cooperation of Energy Regulators), en sus siglas inglesas, esta tecnología permite reducir las emisiones del sistema gasista de forma inmediata, al tiempo que disminuye la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.
Actualmente, gran parte del gas que consume la Unión Europea procede del exterior, una situación que ha cobrado aún más relevancia a raíz de las inestabilidades geopolíticas del último lustro. Por tanto, incrementar la producción de gases renovables dentro de Europa contribuiría a aumentar la autonomía energética del continente e impulsar el desarrollo industrial ligado a las energías renovables.
España, entre los países con mayor potencial
En este contexto, España reúne condiciones especialmente favorables para el desarrollo del biometano. La abundancia de residuos agrícolas y ganaderos, junto con la disponibilidad de biomasa forestal y residuos urbanos, sitúan al país entre los mercados europeos con mayor capacidad de crecimiento.
Este potencial también se refleja en las iniciativas que ya se están impulsando a nivel nacional. En mayo de 2026, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) presentó una propuesta de real decreto para fomentar la incorporación progresiva del biometano al mercado del gas natural mediante cuotas mínimas de penetración.
Ese potencial ya comienza a materializarse y confirma el crecimiento de esta tecnología renovable. En 2021 España contaba con una única planta de biometano en funcionamiento; a comienzos de 2026 ya operaban 24, de las cuales 21 inyectaban biometano directamente en la red gasista.
Un futuro con gran potencial
Aunque el desarrollo pleno del biometano en España todavía está en proceso, su potencial es cada vez más evidente. El objetivo europeo es alcanzar una producción anual de 35.000 millones de metros cúbicos en 2030, una meta que impulsará nuevas inversiones, el desarrollo de proyectos y la consolidación de un marco regulatorio que favorezca su expansión.
La oportunidad del biometano va más allá de la producción de energía renovable. Con una base de recursos única y un mercado en plena expansión, para España, el desafío ya no es tanto identificar el potencial como acelerar su desarrollo para convertirlo en una ventaja competitiva.