“Sí, amigos míos, creo que el agua se utilizará algún día como combustible; que el hidrógeno y el oxígeno que la componen, empleados por separado o simultáneamente, proporcionarán una fuente de calor y de luz inagotable y de una intensidad que el carbón no podría alcanzar”. Julio Verne, La isla misteriosa (1874).
Las aventuras del escritor francés solían suceder bajo el mar, hoy la innovación energética e industrial viajan por la superficie y son responsables de algunos de los proyectos industriales más relevantes que están impulsando la transición energética en España. Son cuatro los seleccionados. Todos tienen en común llevar hacia el mundo verde distintos sectores clave a través de soluciones que abarcan desde la electrificación y las baterías hasta los biocombustibles y el hidrógeno renovable. Julio Verne estaría fascinado viviendo una experiencia, por ejemplo, que puede empezar en la producción de hidrógeno renovable con electrolizadores. O sea, separar las moléculas de hidrógeno y oxígeno a partir de energías renovables. A mediados de 2025 —acorde con el Banco Mundial— había unos 2,15 GW de capacidad en funcionamiento a escala mundial. “Una primera característica interesante de esta clase de iniciativas es que se integran en la instalación industrial, logística o centros de datos y se evitan costes de transporte y distribución”, reflexiona Roberto Scholtes, jefe de Estudios del banco Singular Group.
El coste es una de las señas de identidad de la enorme factoría donde Volkswagen está trabajando en una planta a la que ha destinado 10.000 millones de euros junto a sus socios en una iniciativa llamada Future Fast Forward. Cuyo fin es electrificar la industria automovilística con la propuesta estrella de una planta de baterías que se levanta en Sagunto. El cronograma de su filial, PwerCO, estima que se pondrá en funcionamiento en diciembre de este año. Construida en cuatro bloques con unas características de aislamiento muy estrictas. El primero tiene una capacidad industrial de 20 GWh. Esto supone, al menos, unas 55.000 celdas diarias de litio y fosfato de hierro (LFP). Aunque la planta está concebida para producir 40 GWh, cuenta con espacio suficiente para ampliar la superficie a 60 GWh en función de la demanda. Ese arranque de unas dos decenas de GWh representa el equivalente a celdas para 200.000 coches eléctricos anuales. Sin duda, resulta una infraestructura compleja, que requiere de una inversión de 3.000 millones de euros. Una estructura clave para la Comunidad Valenciana, que ha apostado fuerte por esta actividad, y que ya está atrayendo numerosas compañías de su entorno. Esa fase inicial generará unos 500 empleos directos, con la opción de llegar a 1.500. Las baterías están destinadas a las fábricas del Grupo Volkswagen en Martorrell (Barcelona) y Landaben (Navarra), donde alimentarán los vehículos eléctricos de las enseñas del Grupo Skoda, Cupra o Volkswagen.
Dentro del despliegue de los grandes números, hay que apuntar unos 4.100 millones de euros de inversión y alrededor de 4.000 empleos directos a pleno rendimiento. Estas son las cifras esenciales de la Gigafactoria creada en Figueruelas (Zaragoza) por Stellantis (Peugeot, Opel, Citroën y Fiat) y la firma china CATL, el mayor fabricante de baterías del mundo. Una asociación que ha dado lugar a la empresa conjunta Contemporary Star Energy. La gigafactoría se espera que comience a producir celdas a finales de este año. Las nuevas instalaciones ocuparan 89 hectáreas y, en 2027, cuando aún no habrá alcanzado la producción máxima (50 GW), supondrá más del 5% del PIB de Aragón. Contemplamos una inversión estratégica —sintetiza el catedrático de economía, José García Montalvo— para la comunidad autónoma porque conecta la industria automovilística existente con una tecnología central para la electrificación.
Las baterías serán del tipo LFP (litio-ferrofosfato) que abaratarán los costes de los vehículos del grupo. Esta tecnología —recuerda el docente— ya representa más del 55% de las baterías instaladas en vehículos eléctricos en el mundo durante 2025. No es una apuesta minoritaria sino industrial consolida en el bajo coste, la competitividad y la duración. “Su principal ventaja regional es la forma en que se complementa con Figueruelas y su red de proveedores: producir baterías junto al ensamblaje reduce costes logísticos y refuerza la adaptación del polo automovilístico al vehículo eléctrico”, narra Montalvo. De hecho, favorece la instalación de fabricantes de materiales de cátodos, electrolíticos, separadores y carcasas, además de actividades de reciclaje, automatización y servicios de ingeniería. CATL ha expresado su intención de localizar progresivamente estos componentes en Europa. “La prioridad debería ser desarrollar proveedores y capacidades locales, junto con formación técnica, energía competitiva e infraestructuras”, ahonda el catedrático. “Esta planta será especialmente valiosa si ayuda a reconvertir las empresas existentes y atrae actividades nuevas”.
De Zaragoza a Huelva. Entramos en la planta de biocombustible 2G de Moeve. El año que viene empezará a producir esa segunda generación en la localidad onubense de Palos de la Frontera. Con la puesta en marcha de esta instalación, la compañía energética y su socio Apical impulsan el mayor complejo industrial de esta clase de biocombustibles del sur de Europa. Está previsto un impacto en el empleo de unos 2.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Propone la respuesta a la electrificación de sectores muy complejos por su dependencia del mundo fósil. Pensemos en el transporte aéreo, marítimo y pesado por carretera. “Es un desafío tecnológico, pero no podemos esperar a tener todas las respuestas. Hay que empezar el camino ya”, aconseja Diego Vizcaíno, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI). “El transporte pesado necesita soluciones, y estos biocombustibles son una de ellas, ayudan a descarbonizar los ámbitos más difíciles, aportan autonomía estratégica, generan desarrollo industrial y se les da valor a los residuos”, remarca. Con una inversión asociada de 1.200 millones de euros, la planta tendrá una capacidad de producción flexible de HVO y SAF (combustible sostenible de aviación por sus siglas en inglés) de unas 500.000 toneladas anuales, elevando la capacidad total de producción de biocombustibles de la compañía a más de un millón y medio de toneladas anuales. Con ello, Andalucía está a la vanguardia europea de los polos europeos de moléculas verdes y combustibles libres de CO2.
En este paisaje ya está en construcción la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde. Contará, en principio, con 300 MW de capacidad de electrólisis. En esta etapa inicial —conocida como Onuba— también Moeve asume, junto a sus socios COFIDES, Hy24, Enagás Renovable y Alter Enersun, una inversión de 1.000 millones de euros. El proyecto ha recibido, además, 303,75 millones de euros de financiación pública a través del PERTE ERHA (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica de Energías Renovables, Hidrógeno Renovable y Almacenamiento), dentro del Plan de Recuperación financiado por los fondos NextGenerationEU.
Son los pilares de un centro de referencia mundial para moléculas verdes en España y Europa. Producirá unas 45.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable y evitará (en sectores de difícil descarbonización) emitir a la atmósfera 250.000 toneladas de CO2 al año. Onuba — también reconocido como PCI por la UE— generará más de 8.000 puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos a través de toda la cadena de valor en las distintas fases del proyecto. “Es una muy buena noticia, en tanto que supondrá un efecto tractor sobre la economía”, subraya Diego Vizcaíno. Por ahora, 400 pymes y autónomos locales contribuirán con sus productos, trabajo y servicios. “La civilización nunca retrocede, la ley de la necesidad siempre fuerza ir hacia delante”. Julio Verne.