La Unión Europea afronta un escenario de gran dependencia energética, donde casi el 60% de la energía que se consume en su territorio es importada, según el último Energy Insight publicado por Moeve. Esta tasa media de dependencia se agrava de forma asimétrica en la periferia comunitaria; España, por ejemplo, registra un índice del 68%. Esta situación se traduce en una exposición directa a la volatilidad de los precios internacionales y a riesgos de suministro derivados de tensiones geopolíticas.

La respuesta comunitaria tras el estallido de la guerra de Ucrania consistió en acelerar la diversificación del suministro a través de más de 180 acuerdos internacionales, orientados a reducir los flujos de carbón, petróleo y gas natural procedentes de Rusia. En este nuevo escenario, las moléculas verdes —que incluyen el hidrógeno verde y sus derivados, los biocombustibles de segunda generación (2G), el biometano y los productos químicos sostenibles— se erigen como la principal palanca para consolidar la soberanía energética y proteger la competitividad industrial frente a las dependencias externas. El desarrollo de estas moléculas verdes puede llegar a sustituir aproximadamente entre un 20% y un 40% de la demanda actual de combustibles fósiles (mitad mediante biocombustibles 2G y mitad con hidrógeno) en el continente para el año 2040. De acuerdo con las proyecciones técnicas, este despliegue estratégico permitiría recortar la dependencia energética exterior de la Unión Europea en un 50%, reduciendo la tasa de importación hasta situarla en un 28% para 2040, reforzando así la estabilidad energética del continente. Esta autonomía resulta especialmente determinante para la descarbonización de sectores difíciles de electrificar como la industria pesada y el transporte de larga distancia (aviación, marítimo y carga pesada por carretera).
Inversiones que marcan el camino a seguir
La economía basada en la producción de energías sostenibles genera actualmente más de 5 billones de dólares globales y mantiene una previsión de crecimiento que le permitirá alcanzar los 7,1 billones de dólares en 2030.
A nivel mundial, la inversión destinada a las energías limpias alcanzó en 2025 un máximo histórico de 2,3 billones de dólares, superando por primera vez el gasto total en combustibles fósiles. Este flujo financiero se destinó principalmente a cuatro áreas de inversión:
- Transporte electrificado: Lideró la captación de capital con un máximo histórico de 893.000 millones de dólares en 2025, lo que supuso un incremento del 21% respecto al ejercicio anterior.
- Energías renovables: Se mantuvieron como el segundo vector de mayor peso con 690.000 millones de dólares, a pesar de experimentar un descenso anual del 9,5% condicionado por la inflación, la subida de los tipos de interés y retrasos regulatorios en proyectos intensivos en capital como la eólica marina.
- Redes eléctricas: Con una inversión de 483.000 millones de dólares (un 17% más que el año anterior), los operadores priorizaron el fortalecimiento de las infraestructuras de transporte.
- Sectores emergentes: Otros vectores que ganaron peso estratégico como el almacenamiento, con una inversión de 71.000 millones de dólares, y la descarbonización industrial con 34.000 millones de dólares. La inversión en moléculas verdes alcanzó los 25.000 millones de dólares, con un crecimiento estimado del 30% de cara a 2030.
El avance de la descarbonización en el mix europeo
En la Unión Europea, el 48% de la electricidad generada en 2025 provino de fuentes renovables, logrando por primera vez en la historia que la suma de la producción eólica y fotovoltaica superara a la generación de origen fósil en la Eurozona. De hecho, a nivel global, los datos muestran que la cartera de proyectos eólicos y solares a gran escala creció un 11%.

Acompañando a la electrificación de la red, los combustibles sostenibles marcaron hitos de penetración notables, alcanzando, con 43.700 millones de dólares, un nuevo récord histórico. Además, las previsiones indican que continuará el crecimiento hasta el 9,4% para el año 2030, fecha en la que, según apuntan la mayoría de los mercados, los biocombustibles estarán en camino de alcanzar la paridad de precios con los combustibles fósiles en todos los sectores de difícil abatimiento.
Paralelamente, el hidrógeno, el elemento más abundante del universo, se posiciona como el vector idóneo para almacenar y transportar energía renovable a gran escala. En el contexto global, los proyectos comerciales destinados a la obtención de hidrógeno renovable sumaron más de 110.000 millones de dólares, ya comprometidos en una cartera que supera las 500 iniciativas internacionales.
Conscientes de que la reindustrialización y la autonomía energética de Europa dependen de liderar estas tecnologías de vanguardia, las instituciones de la Unión Europea han establecido mecanismos de financiación ambiciosos para respaldar el impulso privado. Entre las herramientas más destacadas se encuentra el Innovation Fund europeo, un programa que se nutre directamente de los ingresos obtenidos por el comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero, promoviendo la inversión para la innovación sostenible.
Bajo este paraguas institucional, la Unión Europea ha comprometido de forma vinculante una partida presupuestaria de 40.000 millones de euros para el periodo comprendido entre los años 2020 y 2030. Estos recursos económicos se están canalizando de manera directa hacia tres objetivos principales que buscan transformar el tejido productivo de las naciones comunitarias: el escalado del hidrógeno verde, la electrificación industrial y la captura de carbono.