La iniciativa One Europe, One Market lanzada en el mes de marzo por la Eurocámara, el Consejo y la Comisión Europea, pretende culminar la integración del mercado interior antes de que expire 2027. Será a través de un roadmap para el que Bruselas ha insertado una brújula con cuatro puntos cardinales: profundizar e integrar un mercado único; un proceso de simplificación regulatoria y de las cargas burocráticas; una reconversión de su política industrial incentivando la innovación; avances hacia una plena soberanía tecnológica europea y un itinerario que conduzca al Viejo Continente a la neutralidad e independencia energética.
En definitiva, un ejercicio de profundización y de modernización productiva en un mercado único más eficiente que opere bajo un marco societario europeo (EU Inc) que permita a las empresas operar en cualquier latitud del espacio comunitario con un único régimen jurídico en lugar de adecuarse a 27 legislaciones nacionales distintas.
La lógica inculcada por Bruselas en este proyecto integrador admite que, en un entorno influido por la coyuntura geopolítica actual, la UE necesita operar como una economía homogénea y armonizada, si desea hacer valer su peso e influencia internacional y ganar competitividad global frente a otras superpotencias. No solo lo recomiendan así Mario Draghi y Enrico Letta en sus sendas radiografías de situación que han servido de cuaderno de bitácora para que el Ejecutivo comunitario haya emprendido, en el último año y medio, esta trayectoria reformista. También lo aconsejan estudios analíticos como el del Instituto Jacques Delors, que sostiene que la economía europea opera "por debajo de su potencial" debido a las manifiestas divergencias de sus mercados energéticos, financieros y digitales.
Pero ¿cómo se pueden sintetizar estos cinco pilares geoestratégicos? Y, sobre todo, ¿qué papel asumirá la transición energética hacia las fuentes renovables en esta hoja de ruta?
- Simplificación regulatoria. Bruselas busca reducir cargas administrativas y distorsiones normativas entre sus socios. La táctica apuesta por sustituir progresivamente directivas por reglamentos europeos de aplicación directa, limitar la sobre-transposición nacional y revisar legislaciones consideradas obsoletas o excesivamente complejas. El objetivo es eliminar costes regulatorios que dificultan las inversiones y la escalabilidad empresarial.
El centro Delors avisa que esta simplificación no debe entenderse como desregulación, sino como "más integración europea". Un proceso de sustitución del extenso mosaico de 27 marcos nacionales por unas reglas de juego homólogas y capaces de ofrecer previsibilidad jurídica y operativa al sector privado. Y, en esa lógica, Bruselas va a conceder preferencia a los reglamentos frente a directivas para evitar precisamente la fragmentación derivada de interpretaciones nacionales contradictorias.
- Profundización del mercado único. La UE pretende completar la integración económica europea reduciendo las barreras financieras, jurídicas y administrativas. La iniciativa incluye la creación de EU Inc, una propuesta de régimen societario armonizado que pretende resolver un problema histórico del mercado interior: Europa impulsa la libre circulación de bienes y capitales, pero sus empresas, en la práctica, deben enfrentarse a unas enormes diferencias regulatorias y burocráticas, en función del acervo de cada país miembro.
Estas barreras son especialmente difíciles de superar para que startups, tecnológicas o pymes puedan escalar y prosperar con rapidez dentro y fuera del mercado interior. Por ello, la UE desea reducir costes normativos nacionales en materia de buen gobierno corporativo, insolvencias o expansión transfronteriza y propiciar un mejor acceso a financiación.
Los expertos del think tank Delors consideran que la EU Inc podría erigirse en uno de los instrumentos "más transformadores" por su reto de configurar un entorno empresarial paneuropeo.
Fortalecimiento comercial e industrial. El programa también incorpora acuerdos comerciales estratégicos, mecanismos para paliar dependencias críticas y herramientas para reforzar cadenas de suministro europeas en sectores sensibles, desde las materias primas hasta tecnologías industriales avanzadas.
En este sentido, han sumado un aliciente especial, el llamado Industrial Accelerator Act, la propuesta legislativa actualmente en negociación ha sido concebida para acelerar capacidades industriales europeas y reforzar la posición de actores y líderes sectoriales. El objetivo legal de esta iniciativa es reconstruir la capacidad manufacturera europea en segmentos estratégicos e incrementar el músculo industrial hasta el 20% del PIB europeo en 2035. Para ello, introduce requisitos de made in EU y criterios de bajas emisiones en las contrataciones públicas y ayudas estatales. Además de restricciones reforzadas sobre las inversiones extranjeras superiores a 100 millones de euros en sectores que emergen con vitolas de estratégicos.
- Transformación digital y tecnológica. Bruselas también tiene como objetivo acelerar el despliegue de infraestructuras de IA, computación cuántica en nube, para dotarlas de soberanía propia y de unas capacidades paneuropeas en negocios como el de los semiconductores, donde la ganancia de competitividad externa y la necesidad de reducir su brecha tecnológica con Washington y Pekín resulta urgente.
En Delors sostienen que Europa no enfrenta tanto un déficit tecnológico, como el reto de ganar escala e integrar mejor los avances técnicos en innovación. Por ello, la iniciativa plantea desde giga-factorías de IA hasta un mercado único de redes digitales y una regulación común de ciberseguridad.
- Transición energética y descarbonización. La iniciativa sitúa la energía en el centro de la competitividad industrial europea y plantea acelerar las interconexiones eléctricas, la modernización de redes continentales, limar las diferencias de precios energéticos entre los Estados miembros y reforzar la arquitectura productiva de fuentes renovables con el objetivo de articular una auténtica Unión Energética.
Este objetivo se apoya en propuestas de la Comisión como el European Grids Package, los corredores transfronterizos Energy Highways o la revisión del European Union Emissions Trading System (ETS), el mercado europeo de derechos de emisión; enfocada a abaratar las facturas industriales, reforzar autonomía de la UE y convertir la descarbonización en una ventaja competitiva frente a EEUU y China.
La Comisión, por su parte, precisa que las nuevas interconexiones necesarias para unificar los flujos energéticos podrían rebajar la factura energética europea en unos 9.000 millones de euros anuales hacia 2040. En paralelo -afirman en Bruselas- la modernización energética continental requerirá inversiones cercanas a 1,2 billones de euros hasta 2040.
Por ello, One Europe, One Market dedica una hoja de ruta específica para la construcción de una auténtica Unión Energética:
- European Grids Package. Acelerar grandes interconexiones eléctricas transfronterizas, reducir bloqueos administrativos y reforzar las redes europeas para sumar renovables y abaratar costes energéticos industriales.
- Energy Highways. Proyección de 8 corredores energéticos geoestratégicos destinados a resolver los principales cuellos de botella continentales, especialmente entre el norte europeo, la Península Ibérica y el centro industrial del continente.
- Reforma del mercado eléctrico. Modificación de la fiscalidad energética y de los cargos de red para reducir estructuralmente precios eléctricos y mejorar la competitividad.
- Revisión del ETS. La UE pretende preservar el European Union Emissions Trading System (ETS) -el mercado europeo de derechos de emisión-, como seña de identidad económica para orientar inversiones industriales hacia tecnologías bajas en carbono.
Considera que debilitar este sistema podría dañar la confianza inversora cuando Europa intenta acelerar su reconversión industrial verde. No en vano, el ETS ha contribuido aproximadamente al 47% de las reducciones de emisiones -tal y como recoge el propio documento de la CE de Energía, Cambio Climático y Medio Ambiente- registradas en los sectores cubiertos desde 2005. De hecho, y según la Comisión, el ETS cubre aproximadamente el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE y se aplica a más de 10.000 instalaciones industriales y energéticas de varios sectores como la generación eléctrica, la producción de calor y las industrias intensivas en energía, además del transporte aéreo y marítimo. El sistema se ha ido ampliando progresivamente desde su creación en 2005.
Por tanto, y según la European Energy Research Alliance (EERA), el problema ya no es únicamente climático, sino económico. Europa -aseguran sus análisis- corre el riesgo de depender tecnológicamente de otros mercados "en sectores que deben sostener su descarbonización industrial". Toda una paradoja. Su diagnóstico explica la robustez de la agenda industrial europea.
En definitiva, la UE intenta transformar su estratégica política de emisiones netas cero de CO2 en una ventaja competitiva internacional. En este contexto, la transición energética deja así de concebirse como obligación ambiental para erigirse en una meta industrial dirigida a reforzar su autonomía e independencia energética productiva y sostener la reindustrialización europea dentro de un nuevo paradigma descarbonizado.