Europa cerró 2025 afianzando el despegue del vehículo eléctrico, con una cuota de mercado que ya supera el 25% de las nuevas matriculaciones en el continente. Sin embargo, la descarbonización del transporte por carretera y de la movilidad personal no depende solo de la eficiencia de los motores o la capacidad de las baterías a bordo.
Hay otra revolución en marcha debajo de los neumáticos, en la propia carretera. El desafío que afronta la ciencia pasa por convertir el asfalto en una infraestructura activa, capaz de almacenar energía o interactuar con el vehículo como horizonte para lograr una movilidad más sostenible.
Fue en 2006, cuando la pareja de estadounidenses Scott y Julie Brusaw empezó a materializar esta idea. Crearon un panel solar hexagonal de 32 kilos, 3,6 centímetros de grosor y unos 0,4 metros cuadrados de superficie, con elementos calefactores (para evitar que se acumule hielo y nieve sobre él) que se vincula inalámbricamente con los automóviles o con otros paneles para dar información a los conductores, como alertas de tráfico y energía en generación, así como otros datos útiles sobre meteorología, cortes, obras o retenciones para tomar la mejor decisión al volante.
El objetivo de su empresa, Solar Roadways, era generar energía renovable en otras superficies como las entradas a garajes, los parques infantiles, los senderos de jardín o los bordes de una piscina.
Otra investigación notable se inició hace una década en Alemania. La Universidad Técnica de Aquisgrán se alió con una empresa local para probar carreteras con paneles solares que generasen energía para recargar los vehículos. Consistía en azulejos panelados en vidrio con una vida útil de unos 25 años, y fácilmente reciclables, que se probaron en carriles bici y caminos para peatones de vías urbanas. En Francia, encontramos otros ejemplos pioneros de la misma época como la primera carretera solar del mundo, inaugurada en Normandía en 2016. Es un tramo de 1.000 kilómetros conformado por 3.000 paneles solares, con una tecnología bautizada como Wattway por la empresa gala Colas, filial de Bouygues.
En la misma línea, China presentó por aquel entonces una autopista solar fabricada con un hormigón de características muy similares al tradicional que, sin embargo, era capaz de desplegar una protección sobre los paneles solares que estaban acomodados en la parte inferior de modo que soportasen grandes pesos. Estos paneles solares contarían, además, con tecnología inalámbrica para cargar por inducción magnética los coches eléctricos circulando por la calzada.
Carreteras solares en desarrollo
Stellantis, la matriz de marcas como Citroën, Fiat u Opel, -y fuerte presencia en España con una factoría en Vigo- cuenta en Italia con un circuito llamado Arena del Futuro en el que prueba esta tecnología inalámbrica, denominada Dynamic Wireless Power Transfer (DWPT, Transferencia Dinámica e Inalámbrica de Energía).
De esta forma, de acuerdo con sus investigaciones, un Fiat 500 con este sistema circula, según sus palabras, a "velocidades típicas de autopista" sin consumir la energía que ya guarda en su batería: se alimenta con la que recibe de las bobinas y así la energía de la batería se puede usar después en carreteras que no cuenten con este servicio.
Además, los campos magnéticos no afectarían a los pasajeros. El circuito estaría alimentado por corriente continua, lo que reduce las pérdidas de potencia en la redistribución de la energía con cables más delgados y de aluminio, más asequibles y eficientes.
Coberturas de paneles solares sobre las carreteras
Mientras se avanza en la investigación para que los coches eléctricos se carguen conforme circulan por las carreteras, existen otras opciones para recubrirlas con paneles solares y captar energía renovable.
Un ejemplo de ello es la prueba piloto -PV-Süd- que se está llevando a cabo entre Alemania, Austria y Suiza. A petición de los tres países limítrofes, un consorcio instaló en la autopista alemana A81, al paso de un área de servicio y a 5,5 metros de altura, una cubierta de 12 por 14 metros con módulos. Durante este piloto, de un año de duración, debían comprobar cómo funcionaba una instalación solar bajo la cual pasaban miles de vehículos. Según los investigadores, podría producir hasta 40.000 kWh al año, que servirían para diez hogares de cuatro personas cada uno.
La movilidad eléctrica no se limita al desarrollo de nuevos motores y vehículos, sino que también busca soluciones generativas incluso en el asfalto y mira a las carreteras como fuentes de energía solar renovable y de potencial recarga eléctrica. Proyectos como las carreteras de inducción o las cubiertas solares demuestran que la infraestructura está dejando de ser un soporte pasivo para convertirse en otra posible fuente de energía sostenible.