Aunque los orígenes del coche eléctrico se remontan a finales del siglo XIX, su popularidad decayó drásticamente en la década de 1920 y el resurgimiento se produjo en los inicios del siglo XXI. Pero la verdadera maduración tecnológica que ha cambiado por completo la fotografía del mercado global se ha experimentado en los últimos años.
A nivel global, durante el ejercicio de 2025, uno de cada cuatro turismos nuevos matriculados en todo el mundo correspondió a tecnologías electrificadas, 250 veces más que en 2010. Además, las previsiones de mercado para el cierre de 2026 apuntan a un volumen de ventas global de más de 22 millones de unidades.
En el contexto europeo, el parque automovilístico de vehículos eléctricos puros (BEV) inició el año con una cuota del 20%. Y en España, durante el primer semestre de este año se han matriculado 63.201, lo que supone un crecimiento de casi el 10% respecto al mismo período del pasado año.
Rendimiento, eficacia y operatividad
En este ámbito de la movilidad eléctrica, la tecnología está dando grandes pasos, con una autonomía media que es tres veces superior a la de hace 15 años, de 380 km. De esta forma, hoy ya se pueden cubrir las tres grandes necesidades del turismo ligero: la movilidad urbana, la interurbana y el uso profesional intensivo.
En movilidad urbana, el rango medio del uso diario es de alrededor de 40 kilómetros diarios, mientras que el taxi puede alcanzar los 250 kilómetros recorridos en esas jornadas. Es decir, por debajo de esa autonomía media.
En cuanto a la movilidad interurbana, el reto se está superando no solo gracias al avance de la autonomía, sino también al avance de la carga eléctrica ultrarrápida, capaz de abastecer de manera eficiente a estos vehículos para que puedan abordar amplios trayectos en un tiempo similar al de un coche de combustión.
Denominamos carga eléctrica ultrarrápida a aquella que alcanza al menos los 150 kW de potencia, permitiendo cargar el 80% de la batería de un vehículo en entre 10 y 20 minutos, en función del modelo. Esto permite, por ejemplo, recorrer más de 200 kilómetros, parar a descansar y recargar, y volver a ponerse en marcha durante otras dos horas ininterrumpidas.
El avance de la infraestructura, clave en el camino a la electrificación
En este contexto, el despliegue de la red de recarga cobra especial importancia y continúa avanzando para impulsar la movilidad eléctrica. Los sistemas de recarga rápida actuales logran recuperar rangos de batería con una velocidad de transferencia energética 12 veces más rápida que la registrada en las infraestructuras convencionales de primera generación.
El crecimiento de los puntos de carga viene respaldado por la aplicación de marcos normativos comunitarios, como el reglamento AFIR (Alternative Fuels Infrastructure Regulation), que exige un despliegue paralelo y coordinado de la infraestructura de recarga pública de alta potencia. De este modo, la evolución del tejido de estaciones de carga garantiza que el despliegue de infraestructuras acompañe los avances tecnológicos en la autonomía de los vehículos, contribuyendo así a la descarbonización del sector.
En definitiva, el desarrollo de las capacidades tecnológicas de los vehículos eléctricos y, sobre todo, los avances en su autonomía, ya permiten cubrir la mayor parte de las necesidades de movilidad habituales del usuario, impulsando ese cambio en su mentalidad. Ahora, el reto se desplaza hacia la optimización de la experiencia de recarga, así como la calidad de la infraestructura, que continúa avanzando para consolidar una movilidad más eficiente y sostenible.