Las ciudades europeas avanzan con paso firme en la misma dirección con la electrificación de sus redes urbanas de autobuses. Según datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), uno de cada cuatro autobuses matriculados en Europa durante los nueve primeros meses del 2025 fue eléctrico; un dato que refleja una tendencia que crece y se consolida apostando por la batería eléctrica como la tecnología de propulsión para la movilidad urbana.
Esta evolución también se refleja en el mercado español, aunque a una escala diferente. En noviembre de 2025, de acuerdo al cuadro estadístico de la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (AEDIVE), se matricularon en España 26.656 vehículos eléctricos, de los cuales 55 fueron autobuses. Esta progresión mensual se enmarca en una tendencia más amplia a lo largo del año. En términos acumulados, los buses que operan con electricidad sumaron 477 unidades en España sobre una flota total de 254.783 vehículos eléctricos (turismos, furgonetas, motocicletas, industriales medios o pesados, además de quads y cuatriciclos).
Un contexto que evidencia el crecimiento sostenido de la movilidad eléctrica en el país, con el transporte colectivo ganando peso de forma gradual dentro del conjunto del parque electrificado. Este crecimiento no es casual. Es producto de una apuesta por políticas públicas hacia unas ciudades más limpias y habitables, como refleja la nueva Ley de Movilidad Sostenible del 3 de diciembre (Ley 9/2025) que fija el transporte colectivo electrificado como eje vertebrador de la descarbonización, con incentivos fiscales a su favor y regulaciones más estrictas en las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).
En términos prácticos, un bus eléctrico funciona de manera muy similar a un electrodoméstico gigante: utiliza baterías de iones de litio que alimentan un motor eléctrico, eliminando la necesidad de combustibles fósiles.
De acuerdo a la Estrategia para el Impulso del Vehículo Eléctrico editada por el Ministerio de Industria y Turismo, la implementación de estos vehículos en la flota del transporte público urbano reduce drásticamente las emisiones y refuerza un modelo de movilidad más sostenible, cohesionando los desplazamientos urbanos.
Otra de las ventajas del autobús eléctrico es su impacto positivo en la reducción de la contaminación acústica. Su funcionamiento, más suave y silencioso, mejora la experiencia del pasajero al disminuir las vibraciones y ofrecer un entorno interior más espacioso. Además, suponen un importante ahorro de costes tanto para la Administración pública como para las empresas concesionarias, ya que, a nivel mecánico, requieren un menor mantenimiento y recambio de piezas con respecto a un autobús tradicional.
Redes de carga inteligente y automatizadas
Uno de los hitos tecnológicos que ha supuesto el 2025 para una flota creciente de buses eléctricos tiene que ver con las redes de carga inteligente y automatizada. Un ejemplo de ellos son las estaciones donde los autobuses cargan mediante pantógrafos -un brazo articulado que transfiere energía eléctrica para una recarga rápida y segura- que descienden automáticamente sin que sea necesaria la intervención de un operario. Este sistema, que ya ha implementado la Empresa Municipal de Transporte madrileña o la barcelonesa TMB, está programado para optimizar el consumo energético basándose en los horarios de las líneas y el precio de la electricidad en tiempo real, logrando ahorros superiores al 30% en comparación con la carga tradicional.
Esta apuesta por la electrificación de su flota de autobuses ha llevado a la capital española a liderar esta carrera entre las ciudades del país. La flota de la EMT está compuesta por 450 buses eléctricos y 45 líneas 100% electrificadas con la estación de La Elipa como centro de operaciones. Cuenta con su propia instalación fotovoltaica para reforzar su suministro eléctrico y las estimaciones de la compañía pública pasaban por cerrar el 2025 con el 25% de su flota en cero emisiones.
Zaragoza y Barcelona tampoco se quedan atrás. La primera destaca por una transición que apuesta por el modelo Mercedes-Benz eCitaro, que es la versión completamente eléctrica de su emblemático antecesor, el autobús más popular en todas las urbes españolas durante décadas. La ciudad aragonesa preveía que, al cierre del 2025, un tercio de su red de autobuses urbanos ya fuese 100% cero emisiones. El objetivo, no obstante, es todavía más ambicioso para 2036 con la electrificación total de la flota, en línea con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para ser una ciudad climáticamente neutra en cuatro años.
Por último, la empresa de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) también ha destacado este último año por sus avances en digitalización y paradas inteligentes. Además de ampliar su flota con nuevos vehículos eléctricos de alta autonomía -ya suman 202 eléctricos y 46 hidrógenos-, este 2025 (un 25% del total), han implementado paradas inteligentes que recogen datos en tiempo real para optimizar las rutas además de expandirse con vehículos públicos sostenibles hacia el área metropolitana hacia otros municipios como el Baix Llobregat.
En definitiva, la apuesta por los autobuses eléctricos ha pasado de ser una experiencia piloto, a una parte nuclear de la planificación urbana centrada en las personas. Energía limpia, recargable, sin emisiones para un trayecto más amable, silencioso, eficiente y climáticamente neutro.