¿Qué es el agua virtual? El agua virtual es el volumen total de agua dulce utilizado de forma directa e indirecta en la cadena de producción de un producto, desde una camiseta a un kilo de café. Así lo ha consensuado la comunidad científica global, con un sistema de medida uniforme que sirve de referencia técnica esencial.
El concepto fue acuñado en 1993 por el geógrafo John Anthony Allan con ese fin, cuantificar el volumen total de agua dulce utilizado en el proceso de producción de un bien o servicio. Su contribución le otorgó el prestigioso Stockholm Water Prize en 2008 por revolucionar la comprensión del comercio y la gestión hídrica mundial.
Esta métrica, desarrollada por organizaciones como la Water Footprint Network, y ya consolidada como referencia internacional, es uno de los indicadores de sostenibilidad más importantes en la ciencia ambiental actual y permite hacer visible la huella hidrológica que demanda cada producto antes de llegar al mercado, desde su origen hasta el consumidor final.
Sirve como herramienta técnica clave para mejorar la eficiencia de este recurso esencial para la vida. Su integración en la planificación económica de la empresa, como un elemento más en la cadena de producción, ha sido crucial para mejorar la relación entre el agua y la energía tanto para optimizar la gestión de los recursos energéticos como para la mitigación climática.
Los tres colores del agua
Para aplicar este indicador de forma clara y rigurosa, el consenso científico estableció tres categorías técnicas complementarias para el agua virtual según su procedencia y uso.
La primera, el agua verde. Corresponde al volumen de agua de lluvia que se almacena en el suelo y es evaporado o transpirado por las plantas durante su desarrollo.
En segundo lugar, el agua azul. Son los recursos hídricos superficiales y subterráneos extraídos de ríos, lagos y acuíferos para su uso en procesos productivos. Cuando las regiones con menor disponibilidad de agua azul importan bienes intensivos en recursos hídricos procedentes de zonas con abundancia de agua verde, se produce un ahorro energético sistémico. Es una estrategia de complementariedad o compensación que reduce la necesidad de activar otro tipo de soluciones o infraestructuras como las plantas desalinizadoras de modo que se evitan procesos industriales más complejos.
La tercera categoría corresponde al agua gris. Es el volumen teórico de agua dulce necesario para diluir la carga contaminante generada durante un proceso productivo hasta alcanzar los estándares de calidad ambiental establecidos. Este indicador permite cuantificar el impacto sobre los recursos hídricos y evaluar los beneficios de medidas como la reducción de vertidos, la mejora de los tratamientos de depuración y la reutilización de agua regenerada.
Agua virtual: el nexo agua-energía
En este contexto, la relación entre el agua y la energía cobra especial importancia, así como el papel del agua virtual. Permite cuantificar el agua real que se necesita para los procesos productivos, pero también estimar la energía asociada a su captación, tratamiento o reutilización. Al identificar dónde se concentran mayores consumos hídricos en la cadena de valor, también abre oportunidades para reducir tanto el uso de agua como su demanda energética, optimizando así la eficiencia.
Captar, potabilizar, distribuir y depurar agua requiere un consumo eléctrico significativo; asimismo, los sistemas de generación energética y de refrigeración industrial demandan volúmenes hídricos relevantes. Una investigación publicada en Science Direct -Research on virtual water-embodied energy consumption- destaca la eficiencia de acompasar el agua virtual y la energía incorporada (virtual water-embodied energy coupling efficiency) al proceso productivo. Justifica, de forma matemática, que optimizar el uso de agua virtual alivia simultáneamente la presión sobre las redes eléctricas de captación y procesamiento.
España: innovación en el regadío
Por sus características geográficas y climáticas como una península al sur del Viejo Continente, España cuenta con una amplia trayectoria en la gestión de los recursos hídricos.
Los informes técnicos de Plataforma Tierra reflejan que la huella hídrica media por habitante en España está condicionada por su rol de exportadora neta de productos hortofrutícolas hacia el mercado europeo. Este flujo de agua virtual sitúa al país en una posición relevante para la implantación de tecnologías de precisión que optimicen cada metro cúbico empleado.
¿Cómo? La modernización de las infraestructuras en España se orienta hacia la digitalización técnica del regadío y los procesos industriales. Con soluciones y procesos basados en sensores de humedad en suelo, con dispositivos IoT (internet de las cosas, en sus siglas en inglés) que determinan el momento exacto y la cantidad estricta de agua que requiere el cultivo. Es el caso de LabFerrer, que lo aplica con éxito en plantaciones de trufa y en cultivos leñosos de comunidades de regantes de Cataluña y Aragón, indicando al agricultor el momento y la dosis exacta de riego, o de SmartAgrihubs, para la comunidad de regantes de Guadalmellato (Córdoba).
En definitiva, adoptar el agua virtual como unidad de medida estandarizada en el contexto internacional ha proporcionado una base analítica fundamental para optimizar la gestión de los recursos naturales y avanzar hacia la neutralidad climática. Este indicador científico, que camina de la mano de la innovación tecnológica, se consolida como un pilar técnico clave en un modelo de desarrollo circular, más eficiente y sostenible.