Las fachadas que capturan dióxido de carbono o los pasos verdes en las carreteras son la evolución de la idea de una ciudad jardín que, hace más de un siglo, buscaba proveer bienestar y confort a los trabajadores que poblaban la zona.
A finales del siglo XIX, la ciudad jardín ideada por Ebenezer Howard revolucionó la idea de las urbes transformadas por la Revolución Industrial. El objetivo del británico era planificar poblaciones pequeñas inspiradas en los pueblos, rodeadas de terrenos verdes o agrícolas. En 1903 se comenzó a construir esta primera urbe: Letchworth, a 55 kilómetros al norte de Londres. Posteriormente, en 1919 fue el turno de Welwyn Garden City, también en el norte de la capital y a la que el propio Howard se mudó en 1921.
Otros países replicaron estos modelos a su manera, y hoy cuentan con oasis urbanos dentro de ciudades. En Madrid, por ejemplo, tenemos los tranquilos barrios residenciales de Ciudad Jardín o El Viso, cuyas casas en hilera recuerdan a un pueblo, pero se ubican a pocos pasos de las frenéticas avenidas. En la región metropolitana de Buenos Aires (Argentina) se dan cita la tranquilidad y el olor a pueblo de algunas calles de Ciudad Jardín Lomas del Palomar. Y la influencia de estos postulados (zonas residenciales rodeadas de otras verdes) se encuentra en urbes más grandes como la planificada Brasilia, la nueva capital de Brasil, que se construyó a mediados del siglo XX.
Hoy, más de 125 años después de las primeras ideas de Howard, se están implantando nuevas infraestructuras sostenibles que unen urbanismo y naturaleza.
‘Eco-Futuring’: laboratorio de ciudades más resilientes
En este camino hacia la arquitectura verde, destaca el trabajo de investigación de universidades. En la de Alcalá de Henares (Madrid), el grupo ‘Eco-Futuring. Laboratorio de diseño para una ciudad verde’ trabaja desde hace más de una década para obtener una belleza y eficiencia que su coordinadora, Rosa Cervera, calificaba de “productiva” y “sostenible”. Profesores del máster de Proyecto Avanzado en Arquitectura y Ciudad crearon este grupo, interesados por la situación climática, el medioambiente y su influencia en las ciudades. Así, comenzaron a trabajar en iniciativas que integren clima, paisaje y ecosistemas con el diseño arquitectónico y urbano.
Una de sus metas es buscar nuevas formas de diseño urbano inspiradas en la naturaleza, como corredores con vegetación y agua, que reducen el efecto isla de calor.También, crear nuevos sistemas urbanos que, en vez de consumir energía continuamente, la produzcan captando luz solar y otras soluciones basadas en la naturaleza (como techos verdes y parques inundables), que ayudan a gestionar el agua de lluvia y aumentan la resiliencia urbana.
Microalgas en fachadas y vegetación urbana
Entre los proyectos que el propio grupo de investigación ha desarrollado se encuentra una fachada para cultivar microalgas en Alcorcón (Madrid) para captar dióxido de carbono, producir biomasa, reutilizar aguas grises (residuales domésticas) y mejorar el aislamiento térmico, fomentando así un ciclo sostenible de recursos y la reducción de la huella de carbono.
Al mismo tiempo, los proyectos OPTIGREEN y COL3Natur, de la Universidad de Navarra están investigando cómo la vegetación urbana contribuye a hacer de la ciudad un espacio más habitable con mejor confort térmico a través del BIOMA, el Instituto de Biodiversidad y Medioambiente. Optigreen se sirven de sensores móviles, datos satelitales y modelización para monitorizar los parámetros atmosféricos y proponen fachadas verdes y muros vegetales, en sintonía con el ejemplo europeo de Optigrüen, la empresa que ya opera en Gran Bretaña, Austria y Países Bajos poblando las cubiertas de los edificios de un manto verde con soluciones basadas en la naturaleza para regular, por ejemplo, el excedente de lluvia. En concreto, Col3Natur se enfoca a los espacios educativos y busca renaturalizar desde los patios de colegio, el propio edificio y hasta sus caminos.
De los barrios a las carreteras
Otros elementos de arquitectura verde están dispuestos en los lugares más insospechados. Hablamos de los llamados ecoductos o puentes verdes. Son unos pasos en las carreteras muy anchos y cubiertos de vegetación que funcionan como puentes para que los animales crucen de un lado a otro de la carretera sin riesgo de ser atropellados. De esta forma, los hábitats se recomponen a los dos lados del asfalto y se reducen los accidentes mortales tanto para estas especies como para las personas.
Uno de los ejemplos más impactantes es el del Parque Nacional Banff, en Canadá. Cuenta con 44 pasos, seis elevados y 38 subterráneos, a lo largo de la carretera Transcanadiense, que cruza el enclave, y desde 1996 se monitoriza el movimiento de los animales, lo que también ha ayudado a planificar las ampliaciones de la vía.
En definitiva, de las fachadas de las casas a las carreteras estatales, la nueva arquitectura conecta con las veteranas ciudades jardín. Aunque en los últimos tiempos se ha unido la adaptación y mitigación climática, el propósito sigue siendo el mismo: alcanzar una armonía entre personas y ecosistemas que mejore el bienestar de todos.