La reciente cumbre de Ereván (Armenia) sobre la Diversidad Biológica ha sido una cita clave para la sostenibilidad ya que este año 2026 se encuentra en el ecuador del Marco Mundial de Kunming-Montreal: el plan con 20 metas específicas orientadas a la conservación y cuidado del entorno con la vista puesta en el 2030.
De este encuentro multilateral parte la llamada Declaración de Ereván, denominada formalmente “Declaración de Ereván: Actuar por la Naturaleza”), es un texto de carácter no vinculante adoptado formalmente el 16 de octubre de 2026 en la capital de Armenia que acogió y presta su nombre a la cumbre.
En este contexto, los debates y negociaciones se centraron en lograr medidas para cumplir con los objetivos fijados de proteger al menos el 30% de las superficies terrestres y marinas del planeta, restaurar ecosistemas deteriorados y obtener los recursos necesarios para financiar estas acciones de conservación con la movilización de al menos 200.000 millones de dólares anuales. Otro de los pilares del texto citado y que también formó parte de la conversación en el encuentro fue el impulso a la ciencia, la innovación y la cooperación internacional para lograr estos objetivos.
La secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Astrid Schomaker, advirtió durante la sesión plenaria inaugural en Ereván, Armenia, de la importancia de estas medidas y su impacto sobre el planeta.
“Debemos acelerar nuestro trabajo y convertir los compromisos en cambios reales”, manifestó Schomaker, para quien la COP17 ha sido “una oportunidad única para evaluar los avances logrados en la conservación de la biodiversidad y acordar nuevas medidas concretas”.
Medir para materializar el progreso
Esta línea narrativa también recibió el apoyo del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, al considerar que aún es posible “detener y revertir la pérdida de biodiversidad” si se logra evitar lo que calificó como “brecha entre la ambición y la acción” de los países.
Si bien el documento 'Estado de la acción en materia de biodiversidad' —presentado en Ereván con los avances colectivos en la aplicación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal— determinó que más del 70% de los implicados ha medido y comunicado sus resultados, y que las partes interesadas (incluidos pueblos indígenas, comunidades locales, gobiernos subnacionales, ONG y el sector privado) han asumido hasta la fecha 5.000 compromisos; el informe advierte que este camino debe seguir avanzando.
En este punto, algunos de los debates trataron cómo transformar la gestión de las empresas, los mercados financieros y las políticas económicas para que contribuyan a proteger y restaurar la biodiversidad.
“La COP17 pone de manifiesto que, desde las compañías, debemos transformar los compromisos en actuaciones concretas y tangibles. Esto implica avanzar en una gestión más eficiente de los recursos. En este sentido, la economía circular juega un papel fundamental para integrar el consumo responsable del agua, el incremento de la intensidad de circularidad de los residuos, y el cuidado y la mejora de la biodiversidad”, señala Marién Benavente, responsable de Medioambiente de Moeve.
Por su parte, Takao Aiba, presidente del subcomité de planificación del Consejo de Keidanren para la Conservación de la Naturaleza y actual director general de proyectos de la división de asuntos ambientales de Toyota Motor Corporation, contó que en Japón realizaron una investigación, que contó con 332 participantes, en la que muestran cómo las empresas japonesas están ampliando sus actividades relacionadas con las metas del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.
Mientras que en 2022 cada empresa desarrollaba actividades relacionadas con un promedio de 4,1 metas de este marco, en 2025 esa cifra había aumentado a 6,8 metas. La encuesta identificó avances particularmente en aquella que promueve que las empresas evalúen, monitoricen y compartan información sobre su relación y compromiso con la biodiversidad que, en este caso, ya alcanza un 53% de los participantes.
El agua, pieza esencial en la gestión y conservación de la biodiversidad
Uno de los principales desafíos de la agenda internacional de biodiversidad es cómo transformar los compromisos ambientales en acciones capaces de materializar resultados concretos sobre el terreno. Y, como ejemplo, se expusieron las particularidades de la gobernanza oceánica, especialmente cuando la protección de la biodiversidad marina se da en espacios sometidos a diferentes regímenes jurídicos.
Radhika Bhargava, investigadora de la Universidad Nacional de Singapur, centró su exposición durante una charla en la conectividad ecológica entre ecosistemas y planteó que las políticas de conservación deben considerar las relaciones entre estos ambientes, en lugar de tratarlos como unidades independientes.
Bhargava, señaló que la superficie mundial de manglares había registrado un aumento neto desde 2010, aunque advirtió que este crecimiento no significa que los ecosistemas costeros hayan dejado de enfrentar retos. Y es por eso que Charlotte Salpin, de la Secretaría de las Naciones Unidas para el Acuerdo BBNJ, recordó que las especies marinas y los ecosistemas no se limitan a las fronteras establecidas entre las distintas jurisdicciones marítimas, por lo que argumentó que la cooperación internacional y la integración de la biodiversidad en las políticas de diferentes sectores resultan fundamentales.
España: “Mantener la ambición, acelerar la acción”
El compromiso de España en la COP17 ha quedado de manifiesto en el volumen de inversión -1.400 millones de euros- destinados este 2026 a la conservación y restauración de la biodiversidad y los hábitats, superando ya el 30 % de protección de su superficie terrestre y el 22 % de sus áreas marinas.
El secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, instó a la comunidad internacional a acelerar los esfuerzos para frenar la pérdida de biodiversidad y ha defendido la cooperación multilateral como principal herramienta, además de resaltar los avances en la colaboración público-privada destinada a incorporar el valor del capital natural en las decisiones empresariales.
“Los avances logrados hasta la fecha son significativos y motivo de satisfacción, pero los desafíos que afrontamos exigen mantener la ambición y acelerar la acción”, subrayó Morán, que insiste en que la conservación tiene que ir más allá de las lindes de zonas especialmente protegidas.
La cuenta pendiente de la biodiversidad
Para cumplir con todos los propósitos, la Declaración de Ereván -firmada al inicio de la COP17- pidió más ambición operativa y ofrece un mensaje inequívoco: la biodiversidad ha dejado de ser un asunto sectorial y se ha convertido en un compromiso multilateral en decisiones económicas y ecológicas concretas.
Los datos del informe de Naciones Unidas presentado durante la reunión, con el título 'Nature’s Comeback: Scaling Ecosystem Restoration for People and Planet' (El resurgir de la naturaleza: ampliar la restauración de los ecosistemas para las personas y el planeta), refleja que el mundo ha puesto en marcha la restauración de 252 millones de hectáreas de ecosistemas degradados en 149 países, la mayor superficie documentada hasta la fecha, aunque los países aún deberán aumentar sus esfuerzos para cumplir los objetivos internacionales de recuperación de la naturaleza fijados para 2030, según este estudio.
Así pues, en Armenia se ha puesto de manifiesto que la recuperación ambiental necesita de un proyecto global, que se apoye de políticas sostenidas, financiación a largo plazo y participación efectiva de las comunidades locales y los pueblos indígenas.