El concepto de "residuo Cero" se abre paso, también, en la red. Existe una 'basura' invisible que es digital, pero con huella física sobre el entorno. Está en los archivos duplicados, en gigabytes de información ya inservible, en los newsletters que se apilan en el correo no deseado y en una papelera de mails sin vaciar.
La basura digital o tecnológica (e-waste) se define como el conjunto de datos, archivos y registros innecesarios que se acumulan en los dispositivos y servidores. De acuerdo a los datos de Pacto Mundial-Red España, se estima que, en el año 2025, el volumen de datos digitales pudo alcanzar los 175 zettabytes (1000 terabytes), frente a los 33 de 2018.
Un ejemplo común es el correo electrónico. Un email estándar tiene un impacto que se multiplica si además lleva asociado un archivo adjunto pesado. Por eso, eliminar correos antiguos y vaciar la papelera, además de desinstalar las aplicaciones infrautilizadas es, literalmente, un acto de eficiencia energética.
Según un informe de Digital Cleanup Day, el 90% de los datos creados nunca se vuelven a utilizar después de tres meses pero se archivan y se conservan igualmente. Otro análisis, este de Databerg, calculó que el 31% de los datos empresariales almacenados no tienen ninguna utilidad pero sí un gran coste económico.
Higiene digital y eficiencia en el entorno digital
La higiene digital se abre paso para una gestión de los recursos digitales más eficiente y que puede empezar por pequeños propósitos individuales que pueden sumar un ahorro masivo: colocar los dispositivos electrónicos y pantallas OLED en modo oscuro, con un ahorro del 20 al 45% con respecto al brillo blanco, de acuerdo al estudio recogido en la Revista Internacional de Ingeniería y Humanidades.
También en la limpieza habitual de correos, archivos, memoria (caché) y fotos descatalogadas como un mantenimiento necesario que incorporar a la rutina y que refuerza la llamada "identidad digital", aligerando herramientas de publicidad y suscripciones. Especial incidencia tienen los vídeos de alta calidad, que suponen el 60% de los tráficos en la red, de acuerdo a la International Energy Agency (IEA). Reducir su resolución -cuando es posible-, también reduce notablemente el impacto asociado.
En este contexto, el rol de las empresas en la gestión del e-waste es crucial para mitigar el impacto ambiental y promover un entorno digital más sostenible.
¿Cómo? A partir de auditorías de datos y retención que seleccionan lo esencial y suprimen lo accesorio, apostando por el Software verde que desde la Fundación Green Software Foundation promueve tecnologías más eficientes desde su concepción. También en la promoción de la economía circular para reciclar correctamente piezas y componentes digitales y en la formación del personal a los que proveer de las herramientas adecuadas para una limpieza digital segura como parte de su quehacer.
Es un segmento que crece, en la esfera privada, de la mano de empresas internacionales como Greenly, Salesforce Sustainability Cloud y Persefoni, además de mejorar la eficiencia de datos con IA a través de Hukka AI o Sensoneo.
Desde el ámbito público, instituciones como World Cleanup Day también promueven que la limpieza digital es un gesto a favor del planeta. En la esfera privada, algunas empresas como Moeve, ya integran acciones automatizadas de limpieza de disco duro que además de eliminar lo innecesario, mejoran el rendimiento, la operatividad y la vida útil de los equipos en los puestos de trabajo, apostando por reparar antes que comprar.
En definitiva, un ecosistema digital limpio es más rápido, más seguro y ayuda a equilibrar las herramientas de progreso y el patrimonio ambiental.