Jueves, 28 de agosto de 2025
La energía es el motor de nuestra sociedad. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, dependemos de ella para iluminar nuestros hogares, desplazarnos, comunicarnos y mantener en funcionamiento la compleja maquinaria que nos rodea. Pero, ¿alguna vez te has parado a pensar de dónde procede toda esa energía? La respuesta se encuentra en las fuentes de energía primarias, los recursos naturales que la Tierra nos ofrece y que, tras ser transformados, se convierten en la fuerza vital de nuestro día a día.
En un contexto global donde la sostenibilidad y la transición energética son clave, comprender el origen de la energía es fundamental para tomar decisiones informadas y avanzar hacia un futuro más sostenible.
Hablamos de fuentes de energía primarias para referirnos a aquellos recursos energéticos que se encuentran en la naturaleza directamente generados por el planeta y sin haber sido sometidos a ningún proceso de transformación. Son el punto de partida de toda la cadena de suministro energético. A partir de estas fuentes primarias, se generan las energías secundarias, como la electricidad, la energía que mayoritariamente consumimos en hogares y empresas.
En función de su capacidad de regeneración natural, las fuentes de energía primarias se clasifican principalmente en dos grandes grupos: renovables y no renovables.
Las podemos encontrar en la naturaleza en cantidades limitadas, tardan millones de años en formarse, por lo que su ritmo de consumo es muy superior al de su regeneración.
Son el resultado de la descomposición de materia orgánica y los encontramos de diferentes formas: el carbón es uno de los combustibles fósiles más antiguos y abundantes, cuyo uso destinado a la generación de energía eléctrica en España, ha disminuido drásticamente , representando solo el 1,9% en el año 2023. El petróleo, que sigue siendo la principal fuente de energía en el transporte y la industria petroquímica, o el gas natural, muy utilizado en la generación eléctrica, además de para usos domésticos e industriales.
Esta energía procede de la fisión de átomos de uranio y, aunque este elemento es un recurso finito, la energía nuclear se considera una fuente de energía primaria no renovable por la limitación de su combustible y la generación de residuos radiactivos. En el año 2023 en España, la energía nuclear aportó el 20,3% de la generación eléctrica.
Por otro lado, las energías primarias renovables se regeneran de una forma natural y a una velocidad comparable o superior a la de su consumo, .
La radiación del sol puede ser aprovechada para generar electricidad o calor. En España, país con muchas horas de sol, es ya una energía consolidada, que en el año 2023 representó un 14% del total.
¿Sabías que España es uno de los países líderes en esta energía obtenida a partir del viento a nivel mundial? Aportando el el 23,5%, fue la principal fuente de generación eléctrica en nuestro país en el año 2023. Sin duda, los molinos que hace siglos Don Quijote confundió con gigantes, han dado grandes pasos hacia la transición energética.
Procede del movimiento del agua, generalmente de ríos embalsados o saltos de agua. Es una de las fuentes renovables más antiguas y consolidadas, con una larga trayectoria en la generación de electricidad a gran escala. Su capacidad de almacenamiento en embalses le confiere una gran flexibilidad y capacidad de respuesta a la demanda, actuando como un importante respaldo para otros renovables intermitentes.
Energía obtenida de la materia orgánica como residuos agrícolas, forestales o urbanos, así como de cultivos energéticos específicos. Su aprovechamiento contribuye a la economía circular, la gestión de residuos y al cierre de ciclos de nutrientes, aunque su sostenibilidad depende de una gestión forestal y agrícola responsable.
Aprovecha el calor del interior de la Tierra, que se manifiesta en forma de vapor o agua caliente. Puede utilizarse directamente para calefacción y refrigeración de edificios o para generar electricidad en centrales geotérmicas, especialmente en zonas con actividad volcánica o geotérmica significativa.
Son dos formas de energía oceánica producidas por las fuerzas del mar. La mareomotriz aprovecha la energía de las mareas, es decir, el ascenso y descenso del nivel del mar, mientras que la undimotriz captura la energía cinética y potencial de las olas. Ambas tecnologías se encuentran en diferentes fases de desarrollo, con proyectos piloto y algunas instalaciones operativas que demuestran su potencial, especialmente en zonas costeras con grandes rangos de marea o fuerte oleaje.
Cada fuente de energía primaria presenta un conjunto de ventajas y desventajas que deben ser consideradas en la planificación energética.
Las principales ventajas de las energías primarias, especialmente de las renovables, radican en su disponibilidad, ya que fuentes como el sol o el viento son prácticamente inagotables; contribuyen a la independencia energética; ofrecen una notable sostenibilidad ambiental al no emitir gases de efecto invernadero durante su operación,l; y, finalmente, actúan como un importante motor para la creación de empleo y el desarrollo tecnológico en el sector.
Entre las desventajas de las energías primarias está el impacto ambiental de energías fósiles, que liberan grandes cantidades de CO2; la limitación de los recursos finitos de las fuentes no renovables, que se agotan a largo plazo; la intermitencia de algunas renovables como la solar y la eólica, que dependen de las condiciones meteorológicas y requieren sistemas de almacenamiento o respaldo.Cabe mencionar también que los costes iniciales de inversión en infraestructuras son elevados, aunque sus costes operativos suelen ser menores.
El futuro de las energías primarias en España y en el mundo está marcado por una clara tendencia hacia la descarbonización y la electrificación para impulsar la transición energética. La Unión Europea, a través del Pacto Verde Europeo, ha establecido ambiciosos objetivos de reducción de emisiones y aumento de la cuota de energías renovables. España, en línea con estos objetivos, busca alcanzar la neutralidad climática antes de 2050.
Esto implica una progresiva sustitución de los combustibles fósiles por fuentes renovables, el desarrollo de tecnologías de almacenamiento de energía, la mejora de la eficiencia energética y la digitalización de la red eléctrica. Además, la investigación en nuevas fuentes de energía, como el hidrógeno verde, también jugará un papel crucial.
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