La regla del 1%, aplicada en este caso a la energía y sostenibilidad, es una filosofía de mejora continua en los hábitos diarios capaz de lograr grandes transformaciones a largo plazo. Se basa en el principio rector de ‘Primero, la eficiencia energética’ (Energy Efficiency First), adoptado por la Comisión Europea para avanzar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) de la ONU en la Asamblea del 2015 donde se instauró la Agenda 2030.
En resumen, se basa en que pequeños ajustes en el consumo pueden generar grandes ahorros marginales que, acumulados, suponen uno enorme a nivel macroeconómico y mitigan el efecto sobre el planeta. Es decir, que antes de invertir en nuevas infraestructuras de generación, se prioricen las soluciones que reduzcan la demanda y que pueden empezar en cada hogar, empresas o edificio público.
Un sencillo ejemplo: la regla del 1% prueba que bajar apenas un grado el termostato de la calefacción doméstica supone un ahorro de energía del 7% al 10%, de acuerdo al Ministerio para la Transición Ecológica.
¿Cómo se aplica el 1% con un marco legal?
España ha establecido este principio del 1% mediante el Real Decreto-ley 14/2022, que marcó unos límites de temperatura en edificios públicos y comerciales -entre 19 y 27 grados- para impulsar ahorros energéticos más inmediatos y que, acumulados, suponen una economía y eficiencia mayúscula con un esfuerzo mínimo. Con estas medidas, implementadas en un marco legal a nivel estatal, se cumplía con el objetivo europeo del ahorro anual acumulado fijado para el 2025.
La Comisión Europea destaca que por cada 1% de ahorro energético logrado en la UE, las importaciones de gas de terceros países se pueden reducir más del doble de ese porcentaje, minimizando el impacto de la extracción y transporte de esos recursos.
Desde un punto de vista cuantitativo, esta regla es muy positiva desde la base de una economía doméstica, donde cada gesto cuenta e impacta directamente en la mitigación del cambio climático.
¿Cómo integrar el 1% en el día a día?
Su aplicación es sencilla. Optar por el programa eco en electrodomésticos con las cargas completas; prescindir del stand by, desconectar dispositivos, como la televisión, la videoconsola, el equipo de música o el cepillo de dientes eléctrico, o interrumpir su suministro -con regletas- para evitar el ‘consumo fantasma’ cuando no se utilicen son algunos de los hábitos que se pueden llevar a cabo para integrar esa regla del 1%.
También rige a los tiempos de apertura de nevera y congelador a lo mínimo imprescindible; optar por la iluminación LED y los sensores de presencia, siempre que sea posible; o limpiar lámparas para exprimir el flujo lumínico y mejorar el aislamiento de los espacios para un mejor confort térmico son otras de las alternativas.
En definitiva, la regla del 1% está dibujada en la campaña ‘Personas con energía propia’ delInstituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), a través de la valorización de los gestos cotidianos para transformar el sistema energético del país.