Septiembre llena de nuevo las aulas, pero también las mochilas. Libros, cuadernos, ropa, material escolar o dispositivos forman parte de una vuelta al cole tradicionalmente asociada a estrenar. Sin embargo, distintos proyectos educativos demuestran que comenzar un nuevo curso no implica necesariamente empezar de cero, sino que es posible trasladar los principios de la economía circular al día a día de los alumnos.
Esta forma de gestionar los recursos reside en mantenerlos en uso, es decir, encontrarle un nuevo usuario, repararlo o aprovechar sus materiales. En los centros educativos, esa filosofía encuentra un terreno especialmente fértil porque puede convertirse, además, en una herramienta de aprendizaje.
Uniformes preparados para volver al aula
Pocas imágenes representan mejor el comienzo del curso que un nuevo uniforme. Sin embargo, una camisa o un pantalón pueden dejar de servir a un alumno simplemente porque ha crecido, aunque la prenda continúe en buen estado.
Sobre esa realidad trabaja Uni4me, empresa de Mataró dedicada a la ropa escolar y deportiva. Su proyecto para aplicar la economía circular a los uniformes está desarrollando una plataforma digital destinada a gestionar la devolución, clasificación y destino de las prendas. Las familias podrán devolver artículos, obtener vales, intercambiar uniformes usados y consultar el recorrido de cada producto, ya que un código QR permitirá mantener su trazabilidad.
El sistema contempla diferentes alternativas según el estado de la ropa. Las prendas que puedan seguir utilizándose podrán ser reacondicionadas o intercambiadas; otras se transformarán mediante upcycling y, cuando conservar el producto ya no resulte posible, sus tejidos y fibras se aprovecharán para fabricar nuevos artículos.
El proyecto, que se desarrolla hasta abril de 2027 con apoyo de la Fundación Biodiversidad, se ha marcado como objetivo que el 10% de las prendas vendidas por la compañía se incorpore al circuito de reutilización y que un 35% adicional pueda reciclarse. Una talla que se queda pequeña deja así de significar necesariamente el final de la prenda.
Un mercadillo sin necesidad de comprar
En el IES Monterroso de Estepona (Málaga), esta misma idea se aplica a objetos muy diferentes. Durante varios días, libros, ropa, juegos, juguetes y otros artículos que sus propietarios ya no utilizan se reúnen en el Mercadillo Circular del centro. Allí, pueden encontrar gratuitamente a alguien que vuelva a necesitarlos para darles un nuevo uso.
La iniciativa comenzó en 2024 y se ha convertido en una cita recurrente. En febrero de 2026, el instituto celebró una nueva edición durante los recreos y, tras finalizarla, anunció su regreso el año que viene.
Del almuerzo al huerto
Otros materiales requieren un recorrido diferente. En los Huertos de Biodiversidad impulsados por Fundación Global Nature y Ecoembes, los restos orgánicos del almuerzo pueden terminar convertidos en compost y determinados envases encontrar utilidad como semilleros.
El programa emplea el huerto escolar como espacio de aprendizaje práctico en torno a cuestiones como el compostaje, la reducción de residuos o el aprovechamiento de recursos. Solo durante 2025 llegó a 410 centros educativos, acompañó a más de 880 docentes e involucró a cerca de 1.000 escolares a través de 36 talleres.
El huerto permite observar y formar parte de procesos que sobre el papel pueden resultar abstractos. La materia orgánica se descompone y regresa al suelo como nutriente; una semilla se convierte en planta; y los materiales disponibles pueden adquirir funciones diferentes de aquellas para las que fueron fabricados inicialmente.
Reparar también se aprende
La reparación añade todavía otro escalón. En Vedruna Vilafranca, en Vilafranca del Penedès (Barcelona), el proyecto ‘Per un món més just fem Labdoo’ anima a estudiantes de 3º de ESO a involucrarse directamente en la recuperación de ordenadores que habían dejado de utilizarse.
Los equipos son revisados y preparados por el alumnado antes de incorporarse a Labdoo, una red que distribuye dispositivos recuperados entre escuelas y otras instituciones que los necesitan. La iniciativa forma parte del servicio comunitario del centro y ha terminado integrándose en su actividad educativa. Su trayectoria fue reconocida en 2024 con el Premio Consolidación e Impacto del Aprendizaje-Servicio concedido dentro de los Premios Aprendizaje-Servicio.
El ordenador que parecía haber llegado al final de su recorrido vuelve así a ser una herramienta educativa por partida doble: para quien aprende trabajando en su recuperación y para quien posteriormente podrá utilizarlo.
Uniformes, libros, juguetes, restos de comida o equipos informáticos muestran que la circularidad puede adoptar formas muy distintas dentro de un centro educativo. La propia actividad cotidiana del colegio puede demostrar que los recursos tienen recorridos más largos de lo que aparentan y que conservar, compartir o reparar también es posible.