Desde hace décadas, empresas e instituciones dedican tiempo y recursos a crear nuevas tecnologías que aumenten la capacidad de reciclaje. Pero ¿y si para encontrar algunas de las mejores fórmulas no solo hubiera que mirar hacia el futuro, sino también al pasado?
Un buen ejemplo es el caso del compostaje, una práctica sencilla y ancestral que contribuye a regenerar suelos, cuidar los ecosistemas y cerrar el ciclo de la naturaleza. Todos los días, toneladas de restos orgánicos se transforman para convertirse en un abono natural rico en nutrientes que sirve de alimento para las plantas mediante un proceso consistente en dejar que los restos orgánicos se descompongan de forma controlada, gracias a la acción del oxígeno y los microorganismos.
El compost aporta materia, mejora la estructura del suelo y retiene mejor el agua. Esto no solo supone un aumento de la fertilidad, sino que repercute también en otros aspectos que contribuyen a la sostenibilidad. En primer lugar, reduce la necesidad de utilizar fertilizantes químicos. En segundo, favorece la biodiversidad al contribuir a la aparición de hongos, bacterias, lombrices y otros insectos. Y tercero, disminuye la cantidad de residuos enviados al vertedero. Además, se trata de una técnica que facilita la reforestación y que ayuda a la regeneración de ecosistemas tan importantes como los humedales.
Es interesante destacar que el 39% de la superficie de la Unión Europea está cubierta por bosques. En general, estos presentan un estado de salud muy positivo: prácticamente la mitad de ellos muestran mejoras en parámetros como volumen de biomasa, productividad, presencia de madera muerta… Y desde el año 2000 la masa forestal de la UE ha aumentado aproximadamente en ocho millones de hectáreas.
Una dinámica que se repite si hablamos de los humedales: solo en España se han recuperado 17.900 hectáreas en los últimos 20 años, lo que representa cerca del 15% de la superficie húmeda del país.
De práctica tradicional a solución moderna
Esta técnica ya no es algo que solo incumba a unos pocos entusiastas del huerto, sino que se ha convertido en una nueva cultura del aprovechamiento. La población participa de forma activa para fomentar la economía circular, desde hogares con compostadores inteligentes, hasta municipios con sistema de recogida por separado, pasando por escuelas y colegios que demuestran que el cuidado del planeta es cosa de todos.
En España cada vez son más los ayuntamientos que desarrollan iniciativas para fomentar el uso de esta técnica. Por ejemplo, el Consorcio CREA ha desplegado islas de compostaje comunitario en Elda, Sax y Monóvar; la comarca de Los Monegros ha instalado hasta 250 contenedores marrones en 26 pueblos; y la Diputación de Alicante ha creado centros de compostaje en una veintena de municipios.
Desde la base: compostaje escolar
La implicación ciudadana también pasa por transmitírselo a los más pequeños para que entiendan la importancia de cuidar el planeta. Por ejemplo, Móstoles ha impulsado un proyecto de compostaje escolar con el que mostrar las ventajas ambientales, sociales y económicas de este sistema. Hoy, más de una treintena de centros educativos del municipio disponen de su propia compostera.
El compostaje nos recuerda que, a veces, las soluciones más eficaces no están en la alta tecnología, sino en el saber acumulado y el respeto por los ciclos naturales de la tierra. Esta técnica ha pasado de ser una práctica agrícola tradicional a ser una herramienta para construir comunidades más sostenibles desde el compromiso de las instituciones y de los ciudadanos.
El biometano, la versión avanzada del reciclaje orgánico
Junto a estos avances, es importante situar el compostaje en un contexto más amplio de soluciones de descarbonización, entre las que destaca el biometano. Si bien las dos técnicas son complementarias, el biometano actúa como una evolución aún más sostenible.
Mientras el primero libera gases de efecto invernadero (metano y CO₂ entre otros) al descomponerse al aire libre, el segundo funciona mediante un proceso en digestores cerrados que captura gases. Ambos procesos producen fertilizantes, pero el biometano puede reducir hasta un 100% las emisiones frente al gas natural.
Los resultados de reciclar materia orgánica son visibles, y los datos, razón suficiente para apostar por la valorización de biorresiduos como forma de gestión responsable de los recursos. Cada hogar, escuela o barrio que apuesta por reutilizar residuos dan un paso hacia delante en el proceso de construir una sociedad más consciente y sostenible.